Sergio Massa, entre los cuentas económicas y la dificultad para hacer

Su performance en las PASO lo aferra al cargo. El candidato de Unión por la Patria se siente más competitivo con Javier Milei.

Aunque nadie lo confirmará oficialmente, si Sergio Massa hubiera logrado su objetivo de ser el candidato más votado individualmente en las PASO barajaba la posibilidad concreta de dejar a un delegado de su equipo en el ministerio de Economía y dedicarse full time a la campaña. Esa opción se tornó inviable tras el salto del dólar que obligó al candidato presidencial de Unión por la Patria a devaluar un 22% para garantizar los desembolsos del FMI. En su equipo asumen que todas las alternativas están abiertas, menos dejar un barco a la deriva.

Hasta los massistas más entusiastas descuentan que el salto en el tipo de cambio oficial inexorablemente se verá reflejado en el próximo índice de precios, aunque confían en que la muñeca del ministro permitirá que el impacto sea relativo. Así y todo, el ministro candidato camina hacia una campaña con una inflación cercana a los dígitos. 

El escenario actual, con una cotización del dólar blue fuera de control y la caída de los bonos argentinos, ya estaba en el menú de expectativas de los tres escenarios que manejaban en la mesa chica del candidato. El «trade electoral», como lo llama Leandro Madcur, jefe de Gabinete de Massa, se sintió más fuerte con cisne negro que significó Milei. “Sacan sus activos del país ante un escenario imprevisible”, señalan.

La paradoja es que en el Palacio de Hacienda y en el comando nacional de Unión por la Patria, aunque no lo vayan a reconocer en público, se sienten más competitivos con Milei como ganador de las primarias que con Patricia Bullrich como la candidata más votada, un escenario que hubiese movido generado menos ruido cambiario pero hubiera dejado al peronismo al borde del nocaut.

La apuesta del viceministro Gabriel Rubinstein es que el impacto de la devaluación incida lo menos posible sobre el IPC. La unción del jefe de la Aduana Guillermo Michel como nuevo secretario de Comercio en lugar de Matías Tombolini busca profundizar esa expectativa. Este martes logró -con esfuerzo- que los empresarios de la carne se sentaran a la mesa. Lácteos y bebidas y alimentos en general son la primera preocupación del Gobierno, porque carcomen el poder adquisitivo de los sectores más populares. “¿Milei qué haría en nuestro lugar? Liberaría los precios”, razonan en el equipo de Massa.

Antes de que Massa asumiera en Economía, el consultor catalán Antoni Gutiérrez Rubí -que ahora está a cargo de la estrategia comunicacional de la campaña- encontraba en sus focus que, aunque los controles de precios no fueran efectivos, la ciudadanía premiaba más esos esfuerzos que la inacción absoluta. Rubinstein insiste en que el mercado “ya convalidó” la devaluación. Como prueba de ello, exhiben que el Banco Central compró por segunda jornada y terminó con un saldo positivo US$ 125 millones.

Massa volverá a colgar durante un rato el traje de candidato y a probarse el de ministro de Economía. El martes y miércoles viajará a Washington para cerrar el acuerdo con el FMI. Esa misma semana empezará a cumplir con algunas promesas que hizo en el transcurso de la campaña para “acompasar” el impacto de la inflación. Habrá suma fija para los salarios más bajos, alivios para Pymes y bonos para jubilados y beneficiarios de planes sociales. No descartan bonos para privados, si la situación lo amerita. “No vamos a hacer nada que ponga en riesgo el orden fiscal”, advierten.

El ministro-candidato intentará evitar el barro para amplificar la idea de que está concentrado en la gestión, pero sobre todo para dejar que Milei y Bullrich se peleen entre sí. Los socios del oficialismo aprendieron a disimular sus diferencias y a callar mientras JxC se estancaba, por la interna a cielo abierto entre la ex ministra de Seguridad y el jefe de Gobierno porteño. La apuesta de Massa desde la medianoche del domingo es ir hacia el centro y enviar señales al electorado radical e independiente. Creen que el candidato tiene para crecer, además de entre los ausentes, entre los 500.000 votantes que eligieron a las 22 fórmulas que quedaron fuera del corte. 

En el equipo de Massa buscan enfatizar las cualidades con las que el consultor Hugo Haime suele definir el carácter del candidato al que asesora, como un “líder protector”, “como un tigre que te cuida”, en lugar de un “león que quiere romper todo”. La metáfora animal, por supuesto, alude al candidato libertario.

Si bien el oficialismo busca polarizar con Milei, procura no ofender a los electores de La Libertad Avanza, porque están seguros de que allí hay muchos ex votantes del peronismo y, sobre todo, jóvenes. “Es un momento de escucha”, reiteran. El candidato a vice Agustín Rossi, que se había mostrado más indignado con el resultado en algunas intervenciones, ya morigeró sus reacciones. En el massismo saben que hay excepciones como Donald Trump o Jair Bolsonaro en 2016, pero prefieren mirarse en la revancha de Lula en 2023; de Emmanuel Macron contra Marine Le Pen o de Pedro Sánchez contra Vox. Confían en los mensajes de jóvenes estrellas pop y en la desconfianza del círculo rojo. 

En la tarde del martes, en el comando de campaña oficialista, en la calle Mitre, había reuniones para analizar dónde el peronismo puede volver a crecer. En el oficialismo hay certezas de que los gobernadores jugaron a media máquina en las primarias, pero no demasiados reproches. Están convencidos de que los mandatarios provinciales redoblarán esfuerzos para aceitar el aparato y garantizarse los lugares en las listas que armaron para el Congreso. En la gestión y en la campaña, las expectativas pueden mezclarse con los deseos.

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