Cambios en el Gobierno: la salida de Guillermo Ferraro generó un fuerte impacto interno y temor entre los ministros

«Acá todos lo sabíamos de entrada: salvo Javier y Karina (Milei) nadie tiene el cargo asegurado». Con esa definición, un alto funcionario del Gobierno intentó desdramatizar el clima enrarecido que se advirtió en el Gobierno este viernes, el día después a que se anunciara la intempestiva salida del ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro, a quien el Presidente decidió desplazar por señalarlo como el responsable de filtrar que en la reunión de Gabinete había prometido «dejar sin un peso» a los gobernadores si no se aprueba la ley ómnibus.

La manera en la que se definió el despido de Ferraro generó un cimbronazo interno. Es que se concretó apenas unas horas despues de finalizada la cumbre de ministros y que trascendiera el enojo del Presidente ante la pasividad de los gobernadores. «Cuando empezó a decirse que se iba a ir uno por la nota del diario (por Clarín) pensé que era una fake. Porque lo que se dice en Gabinete casi siempre se filtra y porque el recorte de fondos (a las provincias) es algo sobre lo que venimos diciendo todos», admitió uno de los infaltables en la reunión de ministros. Habló en estricto off the record, como la mayoría de veces, pero con un recaudo especial: a través de llamada de audio de Whatsapp.

No lo aclaró, pero está instalado en la política argentina que los chats se pueden «pinchar» y que la única manera segura de hablar es a través de llamadas de voz de la popular aplicación de mensajería. Todo da cuenta del nivel de paraonia que logró instalar quien anticipó la salida de Ferraro por señalarlo como el autor de una filtración.

No obstante, como contó Clarín, el despido de Ferraro obedece a diferencias importantes con el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, quien le reprochaba cuestiones de su gestión en Infraestructura y con el que mantenía una fuerte puja por los nombramientos en su ministerio y en las empresas descentralizadas. Desde Casa Rosada, en el último mes se escucharon varios reproches por las demoras en la gestión: «No arranca», sintetizaban.

Sin embargo, nada hacía prever que Ferraro, uno de los primeros en ser confirmados como ministro, se transformaría en la primera baja. En el Gabinete abundaba el desconcierto. Tanto que la canciller Diana Mondino fue la primera en confirmar la salida y desconcertó al indicar que la medida obedeció a «una cuestión de reducción de costos». La noticia lo tomó por sorpresa también a Ferraro: se enteró por los medios y nadie de Casa Rosada se contactó con él hasta -al menos- la tarde del viernes. «Quieren que ponga su renuncia a disposición», especulaba una voz de peso en La Libertad Avanza.

Abonó las suspicacias que el vocero presidencial, Manuel Adorni, suspendiera su habitual conferencia de prensa de las 11. Pese a que la explicación formal fue que lo hizo «para que no se superponga» con la participación de Milei en el acto en homenaje a las víctimas del Holocausto, en el transcurso de la jornada quedó claro que fue la manera de evitar dar mayores precisiones sobre lo ocurrido con Ferraro: pasadas las 19, Adorni no había hablado y en el área de comunicación nadie tenía una explicación concreta sobre los motivos. «No está descartado que Manuel hable», decían.

Durante la tarde, en una jornada que incluyó más reuniones por la ley ómnibus, como la que en el Congreso mantuvieron Karina Milei y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; circuló con fuerza una versión que en medio del cuadro de extremo hermetismo empezó a retumbar en los pasillos de Casa Rosada: distintas fuentes hablaban de una posible marcha atrás en torno a la salida de Ferraro. «Todavía no lo llamó nadie», sostenían en Balcarce 50. Una aclaración que tenía un objetivo doble: por un lado, marcar el rigor contra el funcionario y por otro lado desmentir una eventual charla del Presidente con él que pudiera revertir la decisión. «No hay marcha atrás», finalmente reafirmó un alto funcionario de estrecho vínculo con el jefe de Estado.

Con todo, el gélido trato que se le dio a Ferraro se sumó al caso del ahora ex superintendente de Servicios de Salud, Enrique Rodríguez Chiantore, que reveló que se enteró «por el Boletín Oficial» que había sido eyectado del organismo, tras el paro de la CGT. «Yo trato de no darle importancia a lo que se dice y digo que hay que laburar más escuchar menos lo que se dice en la TV, pero es cierto que alguno (del Gabinete) puede sentir algo de miedo después de esto», concluyó otro funcionario de primera línea.

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