Murió Sara Rus, sobreviviente del Holocausto y madre de Plaza de Mayo

Schejne María Laskier de Rus, conocida como Sara Rus, madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y sobreviviente del Holocausto, murió esta madrugada luego de una intensa vida de lucha y compromiso con los derechos humanos. Este jueves hubiese cumplido 97 años.

«Despedimos con tristeza a Sara Rus, Madre de Plaza de Mayo y sobreviviente de Auschwitz. Llegó a la Argentina en 1948 y en 1977 la dictadura desapareció a su hijo Daniel», expresaron las Abuelas de Plaza de Mayo.

Y cerraron el mensaje: «¡Hasta siempre compañera! Seguiremos haciendo memoria para que los crímenes contra la humanidad cesen».

Por decisión de la familia no se realizará velatorio y la despedida final será directamente mañana en el cementerio israelita de La Tablada.

¿Quién fue Sara Rus?

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Entrevista con Sara Rus, sobreviviente del Holocausto.

“Lucho por no olvidar”, solía decir Sara cuando era entrevistada, o cuando era invitada a exponer a propósito de la memoria. Ella era, en realidad, un testimonio viviente de la persistencia a pesar del horror. Schejne María Laskier de Rus (Sara) nació en Lodz, en el corazón de Polonia, el 25 de enero de 1927, en el seno de una familia judía. Con sólo 12 años, vivió en carne propia el confinamiento de ella y los suyos en un gueto, cuando llegaron los nazis.

Cuando fueron a buscar a su familia a su casa, rompieron el violín con el que practicaba y les hicieron portar, en todo momento, una estrella de David. Luego, los desalojaron de la casa y los llevaron al gueto de Lodz. Los tres debieron hacer trabajo forzado. Como su madre estaba extenuada constantemente (tenía tifus), Sara trabajaba más de la cuenta para dar su producción extra a su madre, y de esta forma salvarla.

Su mamá quedó embarazada dos veces en el gueto, y sus dos hermanos murieron: el primero, por desnutrición; el segundo, asesinado por los nazis. Cuando Sara tenía 14, la trasladaron junto a sus padres al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau II. Ni llegaron a tatuarle el característico número con que marcaban a sus pares, porque los planes de los nazis para ambas no era el propio campo de concentración, sino las cámaras de gas.

Fue separada de su padre cuando los bajaron del tren que los llevó al infierno, pero no de su madre: cuando quisieron hacerlo, la pequeña Sara de 14 años se acercó a un soldado de la SS con un rebenque en su mano. Vaya a saber qué fibra del soldado tocó la valentía de la pequeña, pero logró que no las separen. En la entrada del campo de Birkenau se leía un mote sádico: “Arbeit macht frei”, el trabajo los hará libres. Sara y su madre, Carola, trabajaron en una fábrica de aviones en ese campo de concentración.

Cuando los soviéticos avanzaron por el este hacia Birkenau (y los otros dos campos del complejo de Auschwitz), Sara y su madre fueron trasladadas a otro campo de concentración, el de Mauthausen, en Austria. En 1944, la Cruz Roja liberó a los prisioneros de ese complejo, entre ellos Sara y su madre. Juró encontrarse con Bernardo Rus, un joven que había conocido en el gueto de Lodz y quien tenía, desde esa época, la venia del padre de Sara, Jacobo.

🖤Despedimos con tristeza a Sara Rus, Madre de Plaza de Mayo y sobreviviente de Auschwitz.

Llegó a la Argentina en 1948 y en 1977 la dictadura desapareció a su hijo Daniel.

¡Hasta siempre compañera! Seguiremos haciendo memoria para que los crimenes contra la humanidad cesen. pic.twitter.com/WfJt54v08V

— Abuelas de Plaza de Mayo (@abuelasdifusion) January 24, 2024 Habían jurado encontrarse el 5 de mayo de 1945 en el edificio Kavanagh, en Buenos Aires. Pero ese día ella fue liberada de Mauthausen, encontrada por soldados estadounidenses. Sara recordaba que, cuando la hallaron, los soldados se largaban a llorar por la escena. La pesaron y la balanza marcó 28. Un kilo menos en el caso de su madre. Tres meses de recuperación para Sara, mantenida sólo a suero.

En una nota concedida a Clarín en 2020, recordó la siguiente escena: al poco tiempo de haber sido liberada, una carta llegó a sus manos. Extrañada, la abrió.

“¿Quién me escribe?”, pensé cuando se acercaron con el sobre “para Sarenka”. Lo abrí y empecé a leer. Y, por la sorpresa, tuve que releer. Era Bernardo, me decía que había sobrevivido, que estaba enamorado de mí y que no iba a casarse con otra, que me estaba esperando en Polonia. Mi mamá quería que viajáramos a Israel, yo le dije que nos íbamos a Argentina.

Se encontró con Bernardo, pero en Europa. Un tío de ella le hizo saber, por correspondencia, que sería bien recibida en Argentina. En 1948 tomaron la decisión de venir a nuestro país, pero había un problema: el gobierno de Perón no aceptaba el ingreso de refugiados judíos. Sara, su madre y Bernardo debieron ir primero a Paraguay. Luego cruzaron, ilegalmente, hacia la ciudad formoseña de Clorinda. Desde allí, su marido escribió una carta en polaco destinada a Eva Duarte de Perón, pidiéndole autorización para llegar a Buenos Aires.

A pesar de que los médicos que la examinaron cuando fue liberada de Mauthausen le dijeron que, por las consecuencias físicas del terror que sufrió, eran casi nulas las posibilidades que tenía de ser madre, en 1950 nació en Buenos Aires Daniel Lázaro Rus, su primer hijo. Cinco años más tarde, nació Natalia.

Daniel estudió física nuclear y era miembro de la Comisión Nacional de Energía Atómica. El 15 de julio de 1977, durante el período más implacable de la última dictadura, Daniel no volvió a su casa. “Desapareció. Nunca supimos qué le hicieron”, decía Sara cuando era consultada. En rigor, no desapareció, lo desaparecieron. Días antes de eso, le había dicho a Sara: “Mamá, están desapareciendo personas”. Tenía 25 años.

Doble tragedia para Sara; múltiple para su madre, Carola, abuela de Daniel. Había perdido a su marido, sus hijos y toda clase de familiares y allegados en manos de los nazis. Al poco tiempo de la desaparición de su nieto, Carola murió. También murió Bernardo, el marido de Sara. Y ella fundó, junto con otras madres en la misma condición, Madres de Plaza de Mayo.

Además de ser miembro de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, Sara Rus también integró la Asociación Sobrevivientes de la Persecución Nazi, y su figura se convirtió en un ejemplo por su persistencia en la búsqueda por la Verdad y la Justicia.

“Hasta mis últimos días voy a seguir contando lo que me tocó vivir. Hacerlo duele, pero es necesario para que no se repita. Para eso también está el Museo del Holocausto. En Argentina tenemos uno de los más importantes del mundo y es algo que celebro. Todos deberían ir, conocer, saber lo que ocurrió. Necesitamos memoria. También verdad y justicia para que nadie tenga que pasar por lo que pasé. Por los seis millones de judíos exterminados en la Shoá”, había declarado a Clarín en 2020.

También que buscaba a su hijo, incansablemente, para poder darle una sepultura digna, la que no tuvieron varios, decenas, cientos y miles de sus familiares, amigos, vecinos de Polonia, y también los de Argentina. Buscaba a su hijo para poder llevarle una flor. Buscaba a su hijo pero encontró a muchos otros.

SC

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