¿Puede ser el Wimbledon del rebelde Nick Kyrgios?

Es casi imposible que Nick Kyrgios pase desapercibido. Esté donde esté, juegue donde juegue y le vaya como le vaya. En este Wimbledon 2022, sin dudas, su tenis lo está llevando muy lejos. Esto era de esperarse porque su talento, su capacidad y su encanto en esta superficie le permiten encontrar muchos más momentos de…

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Es casi imposible que Nick Kyrgios pase desapercibido. Esté donde esté, juegue donde juegue y le vaya como le vaya. En este Wimbledon 2022, sin dudas, su tenis lo está llevando muy lejos. Esto era de esperarse porque su talento, su capacidad y su encanto en esta superficie le permiten encontrar muchos más momentos de equilibrio. Sobre el césped de Londres, su juego se siente seguro, firme, convencido de que puede demostrarle al mundo que es capaz de tumbar una vez más a los que suelen reinar. Y esta, dentro de su rebeldía, es una de sus grandes motivaciones.

Me animaría decir que para Kyrgios, muchas veces, fue más importante arruinarle el camino a Nadal, Djokovic o Federer que ganar un título. Porque en esa personalidad parece tener más relevancia ser noticia o hacer algo distinto, que pocos pueden y, por sobre todas las cosas, pocos se animan. Le gusta, le encanta, ir por esas situaciones difíciles.

Nick Kyrgios se prepara para los cuartos de final en Wimbledon. Foto: REUTERS/Paul Childs.

Se sabe, se lee y se escucha mucho sobre él. De hecho, ha generado una cierta división, claramente no equitativa. Son minoría los que defienden su actitud y entienden esa libertad emocional para ser y mostrarse cómo quiere ser y cómo lo quiere hacer. Para unos es un valor. Para otros es sencillamente un ser que no respeta, que no entiende códigos, reglas y que trata, en el mejor de los casos, de estar en el límite de ellas.

A Kyrgios no le gusta ir por el medio. No le gusta jugar con margen. Le gusta jugar a las líneas y arriesgar. Le gusta provocar. Y a veces con su genialidad provocó exactamente eso. El tema es que este jugador australiano siente que a él, por haber sido el chico malo de la película, muchos le pegan, lo cuestionan y lo critican aun en actitudes en las que, siendo objetivos, no debería ser siquiera cuestionado. Es que si uno pudiese incorporar conceptos de psicólogos y neurocientíficos -que, claramente, podrían contribuir mucho más que yo-, explicarían que muchas veces nuestro cerebro arma una imagen ya predeterminada de los personajes como Kyrgios. Y haga lo que haga seguramente lo vamos a ver con buenos o con malos ojos de acuerdo a esa imagen con la que nos quedamos inicialmente.

Kyrgios comió sushi durante una conferencia de prensa en la primera semana de Wimbledon 2022. Foto: Captura de Video.

A Kyrgios se le cuestionó sacar de abajo. Hoy termina siendo hasta simpático y viral que algunos otros imiten esa alternativa. A Kyrgios se lo tildó de maleducado, de mal deportista y hasta de mal compañero, irrespetuoso con el público. Sólo como ejemplo traigo el recuerdo de Michael Chang a Ivan Lendl en la final de Roland Garros. En ese caso fue un recurso, porque estaba acalambrado, para ganar el punto, pero como la imagen del estadounidense era muy buena, nadie lo atribuyó a un mal gesto.

Cuando se paró cerca de la línea de saque para recibir el servicio se lo cuestionó como una postura totalmente arrogante, despectiva hacia su adversario, y cuando Federer lo hizo se lo consideró una gran genialidad. Y esto lo marco porque es mi obligación ser objetivo una vez más y entender que es cierto que a Kyrgios se lo ha medido y se lo ha criticado simplemente por haberlo hecho él.

También es cierto que Kyrgios, en cierta forma, se ha ganado una fama que él mismo buscó, consciente o inconscientemente. Ha tenido actitudes muy irrespetuosas con el público, modales y maneras de expresarse que van más allá de si uno es un personaje público, un deportista, que tienen obviamente mayores responsabilidades en cuanto a lo que muestran y a lo que pueden llegar a transmitir.

Nick Kyrgios tuvo que ser atendido por molestias en el hombro derecho durante los octavos de final. Foto: EFE/EPA/TOLGA AKMEN.

No coincido con él en una muy buena parte de las cosas que ha hecho. Pero trato de rescatar que sí ha tenido el coraje de sentirse emocionalmente libre para mostrarse tal cual es y eso claramente que para él tuvo un precio. Incluso él mismo llegó a darse cuenta de que ese personaje lo hizo ir hasta un lugar donde, en un momento de calma y tranquilidad, tal vez él no hubiese querido ir. Pero nunca se arrepintió. Es como que se puso ese traje y salió a avalar, corroborar, justificar.

Hoy las noticias también cuentan que Kyrgios tendrá que afrontar un juicio, un problema legal con una ex pareja. Un problema nada menor y que lo obligará a mostrar su inocencia. De lo contrario, muchos podrán afirmar que Kyrgios es un mal ejemplo, que no encuentra la manera de relacionarse armoniosamente con su entorno y con su medio.

Lo que es claro es que Kyrgios no pasa nunca desapercibido. Su talento hace que, por ahora, en este Wimbledon pueda seguir siendo noticia. Porque recordemos que a Kyrgios, más que los grandes logros, lo que más le gusta es arruinar sueños.

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