¿Cómo podría seguir la negociación de Argentina con el FMI?

De acuerdo con lo señalado por el ministro de Economía, uno de los puntos de conflicto en las negociaciones del Gobierno con el FMI es el fiscal, aunque creemos, por más que el Gobierno lo relativiza, que otro punto de diferencia es el cambiario por su vinculación con la necesidad de acumular reservas.Una diferencia se…

¿como-podria-seguir-la-negociacion-de-argentina-con-el-fmi?

De acuerdo con lo señalado por el ministro de Economía, uno de los puntos de conflicto en las negociaciones del Gobierno con el FMI es el fiscal, aunque creemos, por más que el Gobierno lo relativiza, que otro punto de diferencia es el cambiario por su vinculación con la necesidad de acumular reservas.

Una diferencia se encuentra en el nivel del déficit de 2022 y los años siguientes. Apuntar a un déficit lo más bajo posible está relacionado con la capacidad (o incapacidad) de su financiamiento en el mercado, y reducir al mínimo la necesidad de recurrir a la emisión monetaria del Banco Central, que tendría efectos sobre la tasa de inflación y el déficit cuasifiscal.

La expansión monetaria agrega inflación al efecto de los ajustes en precios relativos (tarifas y tipo de cambio) y a las indexaciones en los salarios, jubilaciones y otros precios de la economía. No sabemos cuál es la diferencia en el número de déficit fiscal objetivo para 2022.

Si el FMI y el Gobierno trabajaran con las mismas hipótesis de inflación y PIB, es difícil imaginar que una diferencia entre 0,5%-0,7% para 2022 sea irreconciliable.

Tampoco nos parece irreconciliable acordar un período máximo para alcanzar déficit primario cero, si debe ser antes de 2025 o 2027, sino fuera por los factores que impiden cerrar las diferencias en 2022, a los que se hará referencia más adelante.

La posición del Gobierno fue anunciada por el ministro Guzmán y recientemente endosada por el premio Nobel, Jospeh Stiglitz. El Gobierno afirma que el déficit fiscal objetivo de 2022 (y años siguientes) se puede alcanzar con el impacto en la recaudación del crecimiento económico que se observa desde fines del 2020, que considera sostenible en el tiempo si no se toman medidas de “ajuste”. Alcanza que las tarifas de los servicios públicos debidamente segmentadas y el tipo de cambio acompañen la inflación y eventualmente algunas medidas impositivas con impacto en los sectores de más altos ingresos o patrimonios. Adicionalmente, la desaceleración de la inflación se alcanzaría mediante acuerdos de precios y salarios.

La posición del FMI muy probablemente cuestione la argumentación argentina sobre la base que el contexto macroeconómico local y el internacional no garantiza la continuidad del crecimiento observado desde fines de 2020 y que se requieren tomar medidas correctivas para reducir los desequilibrios actuales que se manifiestan en alta inflación, caída de la demanda de dinero, mercado local financiero y de capitales de escasa profundidad y pérdidas de reservas.

¿Cómo se resuelven estas diferencias si el Gobierno no está dispuesto a avanzar por los caminos de ajuste del déficit que sugiere el FMI? Aunque no descartable, consideramos poco probable que el FMI acuerde un programa al que le ve muy pocas probabilidades de éxito inicial. Los antecedentes de Argentina y las observaciones del auditor del programa de 2018 lo ponen a la defensiva.

¿Hay, en ese contexto, alguna opción para que Argentina no termine defaulteando esa deuda (y otras)? Una alternativa posible es procrastinar de “común” acuerdo. Cómo nos podríamos imaginar este escenario. Argentina sigue negociando con el FMI tomando medidas monetarias (aumento de las tasas de interés nominales, ya parcialmente implementadas, algún ajuste de tarifas no muy significativo para recomponer atrasos y una mayor tasa de devaluación acercándola a la inflación observada), es decir implementa su “programa”.

Ante ello, el FMI solo señala que se están produciendo avances pero que se requiere más tiempo de negociación. A partir de ahí se abren dos posibilidades. La primera, muy poco probable, y no sé si es posible en el marco legal del FMI, es que el FMI da un waiver por un periodo x al vencimiento de marzo, y la segunda, que no otorga este waiver, entrando Argentina en atrasos, pero no en default (“protracted arrears” según el FMI) .

La instancia de default se llegaría a los 180 días de atraso (lo más probable). En cualquiera de los dos casos, el FMI (sus accionistas) decide “esperar” a Argentina. ¿Qué significa esto?

Que Argentina siga con su (no) programa hasta que tenga éxito o entre en una crisis más profunda. ¿Qué probabilidades tiene Argentina de salir en este escenario de no acuerdo con el FMI? Muy bajas.

En el mejor de los casos, el “programa” descripto más arriba puede avanzar con estímulos fiscales, ajustes salariales y jubilaciones atados a inflación, y tasas de interés que “correrán” por detrás de los precios. Los controles de importaciones y de cambios en general que tendrían que implementarse para hacer frente a la escasez de dólares y la mayor tasa de inflación terminarán frenando la actividad económica y poniendo en jaque al “programa”.

Además, las expectativas continuarán siendo negativas. Los mercados financieros ya descuentan la falta de acuerdo y la escasa posibilidad de Argentina de acumular reservas.

Es decir, trabajan sobre la hipótesis de un nuevo default. La expectativa de déficit fiscal financiado con inflación o deuda deriva en más inflación y un incremento del endeudamiento en pesos del Gobierno y del Banco Central e incrementa el riesgo de reestructuraciones en pesos con la consiguiente reducción de la demanda de pesos y de la demanda de títulos de la deuda pública. La caída de la demanda de dinero se traducirá en una mayor brecha cambiaria. Todo esto terminaría afectando la inflación, actividad económica, salarios y empleo.

Por todo esto esperemos que Argentina evite entrar en incumplimientos acordando un programa con el FMI sustentable.

El autor es Consejero en la consultora Quantum.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA