La Scaloneta de la ilusión: uno por uno, todos los aciertos de Lionel Scaloni en la Selección

Lo que antes era socarrón ahora es un elogio. El mismo neologismo que se utilizaba para burlarse resulta por estos tiempos una bandera. Y ahí está la Scaloneta. Una búsqueda que supo superar los vaivenes lógicos de la inexperiencia. Una estructura que arrancó sin cimientos y que los construyó entre silencio y desconfianza.Era un parche…

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Lo que antes era socarrón ahora es un elogio. El mismo neologismo que se utilizaba para burlarse resulta por estos tiempos una bandera. Y ahí está la Scaloneta. Una búsqueda que supo superar los vaivenes lógicos de la inexperiencia. Una estructura que arrancó sin cimientos y que los construyó entre silencio y desconfianza.

Era un parche Lionel Scaloni. Era el hombre que estaba a mano, el que respondió el teléfono cuando desde Buenos Aires lo llamaron y le pidieron un trabajo de urgencia con los juveniles en L’Alcudia. A pocos kilómetros del lugar en el que había ido a descargar su ansiedad luego de colgar los botines y se entusiasmó al dirigir a chicos de 14 años en una escuelita de las afueras de Mallorca.

Era el parche que quedó descolgado de un ciclo salpicado por todos lados como el de Jorge Sampaoli. Porque si el de Pujato aterrizó sin curriculum, el arribo del de Casilda había sido con una expectativa inversa: venía de dejar su huella en Sevilla y nadie discutía, por ese entonces, la decisión que tomaba el flamante presidente de la AFA, Claudio Tapia.

Los boletos a Rusia 2018 entraron por la ventana, con un triunfo sufrido ante Ecuador en la última fecha de Eliminatorias. Ese día Lionel Messi marcó tres goles. En el vestuario argentino estaba el Brujo Manuel, símbolo de los manotazos que tiraba la dirigencia para intentar cambiar la energía del equipo.

Vale repasar los festejos del tercer gol argentino, el que generó alivio total y armó las valijas rumbo al Mundial. Uno de los primeros en llegar al abrazo con Messi (y que luego queda en medio de la montonera) es Scaloni.

El abrazo entre Lionel Scaloni y Lionel Messi minutos después de la consagración en la Copa América. Foto: AFP)

Hoy Scaloni es parche pero el parche dorado que brilla en el centro de la camiseta argentina. Ya lo sabe, pero vale marcarlo: hay mucha gente agazapada a la espera de un tropiezo para salir a pasarle resaltador a cuestiones que ahora quedaron aplastadas.

Para eso fue necesario ganar. Si el título en la Copa América sirvió para darle envión a un trabajo que venía tomando forma y necesitaba del viento a favor de esa alegría postergada, lo que aparece después del triunfo en el Maracaná para la Selección Argentina es la consolidación integral de esa idea. Y el último partido, 3-0 contra un durísimo rival como Uruguay, frente a miles de hinchas argentinos que acompañaron como hacía tiempo no hacían, resultó el premio ideal.

Los periodistas que antes hacían minutos de silencio en un estudio de televisión ahora se ponen el gorro piluso. Y el traje reversible le cabe a una gran porción de la cátedra futbolera.

Hizo el camino inverso Scaloni. Arrancó con saldo negativo. Transitó entre las burlas. Con la foto de la cara machucada por el choque en bicicleta como símbolo de su imagen para el ambiente futbolero argentino, siempre ávido de dictar sentencias prematuras.

Ahora el viaje hacia el Mundial de Catar luce cada vez más despejado. Messi resumió lo que ocurre puertas adentro y lo que ahora también se comparte afuera utilizó como una “comunión”. Y pidió que no se corte.

Una vida de Selección: Scaloni junto a Fabián Cubero en la previa del Mundial Sub 20 en Malasia en 1997. (Archivo Clarín)

Un nuevo paradigma, de los fantásticos a los mediocampistas

La Selección solía presentar un desbalance. Como los mejores siempre fueron los delanteros, cada entrenador intentaba armar el rompecabezas para que encajaran la mayor cantidad de estrellas posibles. Messi, Agüero, Higuaín y Di María fue la fórmula que encontró Alejandro Sabella y regaló las últimas alegrías grandes. A ese cuarteto de ataque, buscó contrarrestarlo con un mediocampo más combativo que incluyó a Enzo Pérez y Lucas Biglia y que casi se corona en Brasil.

Ahora el eje está en el medio. Sabiendo que Messi debe jugar el mayor tiempo posible lo más cerca del arco rival, Scaloni armó un triángulo para iniciar el juego. Y después sí, sumar la magia de la Pulga.

Leandro Paredes (jugó 35 de los 38 partidos del ciclo) -Rodrigo De Paul (33)- Giovani Lo Celso (28). Correrse del perfil tradicional de un 5 combativo marcó un riesgo pero empezó a definir el estilo que pretendía Scaloni. Queda claro: más allá del rival, si Paredes está en condiciones, será el 5 de la Selección, un puesto que conoce desde chico y más allá de que su prototipo no coincida con el que históricamente cumple el rol (Gallego, Batista, Astrada, Mascherano) lo cumple sin problemas y aporta precisión, prolijidad y pases punzantes a corta o larga distancia.

De Paul y Lo Celso son las descargas de Messi en esos tramos del partido en los que juntar pases sirve para ir acumulando confianza antes de clavar el puñal contra el área rival. Los motores del equipo, futbolistas con dinámica que juegan de área a área y lastiman por el centro de la cancha, permitiendo además que los laterales puedan sumarse a la circulación por cada costado.

El recambio, entre renuncias y aciertos

Emiliano Martínez aprovechó la chance que le dio Scaloni y ya es una fija del equipo con actuaciones consagratorias. Foto AP

No fueron apuestas, fueron aciertos. Emiliano Martínez debutó a los 28 años en el arco argentino, Cristian Romero ya era el mariscal de un Atalanta revelación de Europa y lo elegían como el mejor defensor de la liga italiana. Nicolás González venía de ser figura en los Panamericanos de Lima con la Sub 23 y Nahuel Molina fue seguido de cerca por Walter Samuel en un viaje a Udinese.

Los une un pasado en común: ninguno de ellos, por diferentes razones cautivó al público masivo del fútbol local ni logró consolidarse en estas latitudes. El arquero se fue de Independiente sin debutar en Primera, el defensor central no necesitó hacer escalas y pasó de Belgrano (19 partidos) al Viejo Continente, al atacante zurdo lo disfrutaron los hinchas de Argentinos, pero les duró poco ya que gritó 11 goles y se lo llevó Stuttgart, y el lateral derecho quedó libre de Boca tras un par de préstamos en Central y Defensa.

Las tan mentadas “caras nuevas” habían llegado. Jugadores que podían estar parados a un metro del Obelisco sin que un porcentaje mayoritario de los peatones los reconocieran. Por la misma puerta que ellos entraban, dejaban la camiseta argentina figuras que marcaron a la generación saliente como Gonzalo Higuaín, Javier Mascherano, Sergio Romero, Martín Demichelis y Lucas Biglia, entre otros.

Scaloni utilizó la etiqueta del interinato para probar, armó listas variables y fue armando el puente. En ese andar, quedaron en sala de espera Di María y Sergio Agüero en el inicio de su ciclo. Incluso Messi recibió un descanso en los primeros partidos.

La formación originaria, el 9 de septiembre de 2018 en un amistoso contra Guatemala (3-0 en Los Angeles) fue: Gerónimo Rulli; Renzo Saravia, Germán Pezzella, Ramiro Funes Mori, Nicolás Tagliafico; Giovanni Lo Celso, Leandro Paredes, Exequiel Palacios, Cristian Pavón, Giovanni Simeone y Gonzalo Martínez.

Con respeto a la formación que había jugado ante Francia en la eliminación de Rusia 2018, solo repetían dos apellidos: Tagliafico (hoy sigue siendo una fija en el grupo) y Pavón (relegado en la consideración).

Los ayudantes: perfil bajo, coterráneos y sin chupines

Aimar y Samuel, al frente junto a Scaloni en la primera gira de la Selección bajo su mando en septiembre de 2018. Foto Juano Tesone

El mapa de los últimos entrenadores de la Selección marca a Santa Fe como tierra fértil. La ruta 33 une los pueblos de Scaloni (Pujato) y Sampaoli (Casilda). A 70 kilómetros está Granadero Baigorria el lugar de origen de su antecesor el Patón Bauza, quien a su vez reemplazó al rosarino Gerardo Martino.

Scaloni suele destacar que sus laderos son de pueblo. Y el concepto va más allá de que Walter Samuel nació en Firmat, Roberto Ayala en Paraná o Pablo Aimar en Río Cuarto. El estilo de vida que comparten por el pasado en común, hace a la unión del cuerpo técnico.

Aquí el futbolista tiene una maña particular. No es lo mismo que le marque correcciones alguien con pasado en selecciones juveniles y mayores que un outsider, por más preparado que esté.

El acercamiento y el feeling que se generó remiten también al perfil bajo y al respeto por cada rol que demuestran los asistentes del DT. No hay gritos, no hay desbordes, no hay estridencias. Los protagonistas son los futbolistas y eso, más que a ninguno, les gusta a las estrellas.

Aimar llegó la Selección en 2017 para dirigir a la Sub 17 y disfruta de ser formador de personas que quizá lleguen a consagrarse como futbolistas. Samuel lo hizo de la mano de Scaloni para complementar el doble rol que tiene Aimar. Por su pasado como futbolista, el Muro se ocupa principalmente de apuntalar a los defensores. Fue asistente técnico en el Inter y en el Lugano de Suiza.

Ayala fue el último en sumarse. Compartió plantel mundialista con Scaloni en Alemania 2006, ya trabajó como manager de Racing y como secretario técnico del Valencia.

Di María, Agüero y el mediático “club de amigos”

La parábola de Angelito mostró las virtudes del modo de conducir de Scaloni. Minutos después de que el atacante del París Saint Germain descargara su bronca en televisión porque no había sido convocado, el técnico lo llamó por teléfono. Es con uno de los que mejor relación había entablado durante la era Sampaoli. Por eso, en lugar de encerrarse, Scaloni lo invitó a motivarse.

El llamado terminó con lágrimas de ambos lados de la línea. Y el tiempo, con las grandes actuaciones de Fideo en partidos decisivos del PSG en la Champions, le devolvieron la oportunidad a un jugador que había sido el blanco de las críticas por sus lesiones inoportunas y algunas actuaciones erráticas. “Tanto golpear la pared alguna vez se iba a caer”, dice el zurdo.

El premio con el gol en la final del Maracaná fue el broche para un jugador de elite que se bancó esperar en el banco y para un entrenador que sostuvo la decisión de darle la titularidad a Nicolás González cuando lo consideró mejor para el equipo.

Lo que podría haber sido un escándalo con cruces mediáticos se resolvió puertas adentro y con decisiones que estaban acompañadas de lógica futbolera.

El caso de Di María, como el de Agüero, que miró desde afuera casi toda la Copa América que consagró al equipo en Brasil porque Lautaro Martínez no daba tregua, fueron ejemplos que desterraron definitivamente aquella noción que sindicaba a la selección como un “Club de Amigos”, con Messi digitando convocatorias.

El grupo unido: bailes, asados, Instagram

El equipo se fortaleció en una larga concentración en la burbuja de Ezeiza. Foto AFP

“Un entrenador tiene que hacer lo justo y necesario, lo que haga falta en ese momento. Es todo de ellos. Hicieron un grupo. Mérito de los más veteranos y de los más jóvenes. Todos se alinearon, y de manera natural”, dice Scaloni sobre su labor fuera de la cancha.

Tirando de la cuerda aparecen algunos detalles, como la mesa rectangular y larga en la que todos se ven las caras en lugar de las tradicionales mesas redondas que dividían al plantel durante las comidas. O el asado que armaron los jugadores y en el que, con autorización del cuerpo técnico, disfrutaron solo ellos.

“Querían conocerse y mezclarse en los lugares que estaban sentados. Y la pasaron mejor que nunca”, contó Scaloni. Ese día, De Paul, que no solo había bebido agua, se animó a grabar un video premonitorio: “Lo digo hoy, 10 de junio: nosotros, vamos a ganar la Copa América en Brasil y vamos a quedar en la historia”.

La coyuntura obligaba a adaptarse. La Copa que iba a ser en casa se mudó a Brasil e incluso generó idas y venidas al país entre cada partido de la zona de grupos.

En Ezeiza se montó una burbuja que incluía motorhomes para hospedarse. Cincuenta días, las mismas 90 personas (entre plantel y auxiliares) juntas en el mismo lugar. En ese contexto había dos alternativas: fastidio y desgano o alegría y optimismo.

Con el alivio del triunfo, los futbolistas también se expresaron de otra forma fuera de la cancha, con Messi a la cabeza.

Se festejaron cumpleaños, se respetaron los protocolos al punto que Lucas Martínez Quarta y Emiliano Martínez no pudieron presenciar el nacimiento de sus hijos. Y se fortaleció el compañerismo interno.

Hubo partidos de truco, mates, los bailes del Papu Gómez, mensajes de amistad que se encadenaban en las redes sociales y hasta cargadas a los rivales. La concentración como un constante viaje de egresados.

“Más allá de que se pueda ganar o perder -dice Scaloni-, lo que venía diciendo y voy a seguir diciendo es que no nos van a dejar tirados estos jugadores. Habrá partidos que se jueguen mejor o peor, partidos difíciles, partidos que tengamos que jugar de otra manera porque el rival es mejor, pero la dinámica del equipo está marcada y la sensación es que la gente se siente identificada con estos jugadores, eso es lo más importante”. La Scaloneta invita a la ilusión.

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