“No hay nada peor que esto”: la desesperación por la búsqueda de la única víctima que falta encontrar en Miami

MIAMI.- Con el paso de los días y a medida que las autoridades despejaban las ruinas del complejo Champlain Towers South, la sala de conferencias del hotel donde esperaban los seres queridos de las víctimas también se iba vaciando, primero de a poco, y luego de golpe. Quedaban los familiares y amigos de diez personas,…

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MIAMI.- Con el paso de los días y a medida que las autoridades despejaban las ruinas del complejo Champlain Towers South, la sala de conferencias del hotel donde esperaban los seres queridos de las víctimas también se iba vaciando, primero de a poco, y luego de golpe. Quedaban los familiares y amigos de diez personas, después cinco, después tres.

El jueves, cuatro semanas después del derrumbe del edificio en Surfside, una persona seguía desaparecida. Mientras otros se ocupan del funeral y entierro de algún ser querido, los allegados de Estelle Hedaya no tienen más remedio que seguir esperando alguna noticia de lo ocurrido con la aventurera y extrovertida neoyorquina. Pero ahora esperan absolutamente solos.

“Van a cerrar el centro de apoyo para familiares. Ya no queda nada, se acabó”, dice Lisa Shrem, la mejor amiga de Estelle. “Ya excavaron hasta los cimientos, y la sensación es de ‘Hasta acá llegamos’. No hay nada peor que eso”.

La penosa búsqueda que se inició en la madrugada del 24 de junio, tras el colapso de dos cuerpos de un inmenso edificio de 12 pisos frente al mar, se acerca a su fin. Los cuerpos sin vida de 97 personas fueron recuperados de entre los escombros. Otra persona murió en el hospital, tras ser rescatada con vida del derrumbe.

Un miembro del equipo israelí de búsqueda y rescate saluda frente a los escombros del edificio residencial Champlain Towers South

Ahora, lo único que queda de Champlain Towers South es una losa de hormigón limpia y vacía, delimitada por conos anaranjados y de la que asoman algunos hierros y columnas tronchadas. Los rescatistas escudriñaron 30.000 toneladas de hormigón y mampostería, y ahora están revisando esos mismos escombros en el lugar al que fueron trasladados, en busca de más restos humanos. Pero el cuerpo de Estelle Hedaya sigue sin aparecer.

“Continuamos la búsqueda con gran cuidado y celeridad, y seguimos trabajando codo a codo con los líderes religiosos de nuestra comunidad desde que empezó este proceso”, dijo el miércoles en un comunicado la alcaldesa del condado de Miami-Dade, Dabiella Levine Cava, aunque agregó que “lamentablemente, en derrumbes como éste, es muy difícil recuperar todos los restos”.

Sin descanso

Los amigos y familiares de Estelle dicen que las últimas semanas han sido una tortura. Los Hedaya son profundamente religiosos, y no han podido cumplir con los rituales sagrados del entierro judío. Linda Hedaya, madre de Estelle, teme que su hija no encuentre descanso “porque no está en el lugar donde tendría que estar”.

La familia teme que la exuberante y graciosa mujer de 54 años, que según su amiga Shrem “lograba sacarles conversación hasta a las piedras”, sea olvidada. La describen como una aventurera llena de iniciativa, siempre dispuesta a descubrir cosas nuevas. “Amaba la vida”, dice su madre, Linda. “Amaba todo lo que la rodeaba”.

La búsqueda en los restos de Champlain Towers fue traicionera y estuvo plagada de obstáculos desde el principio. Los rescatistas tenían que interrumpir los trabajos a cada rato, ya fuese por pequeños focos de incendio entre los escombros, por las tormentas eléctricas, o por el peligro de derrumbe de la parte del edificio que quedaba en pie, que finalmente debió ser demolida.

En la sala de conferencias donde los familiares se congregaban diariamente a la espera de noticias, el dolor compartido los aunaba, y lo único que tenían para ofrecer las autoridades eran malas noticias: el número de víctimas confirmadas que crecía día a día.

Personas que trabajaron para Luis Pettengill observan los coches fúnebres que transportan los restos de su difunto jefe, su esposa Sophia López Moreira, hermana de la primera dama de Paraguay, y sus tres hijos, luego de que sus restos llegaran a Asunción, Paraguay

Para muchos, la diferencia entre vivir o morir quedó reducida al número de la unidad que ocupaban. Cuando el cuerpo central y este del edificio se desgajaron del bloque sur, los departamentos terminados en 04 se partieron por la mitad. En esas unidades, el dormitorio principal quedó reducido a escombros, mientras que el living quedó mayormente en pie, lo que permitió que algunos sobrevivieran. Hedaya vivía en la Unidad 604.

Desde ese departamento con vista al océano Atlántico, Estelle planificaba sus viajes al extranjero, organizaba reuniones virtuales y escribía un blog donde compartía su historia de vida.

Aunque había crecido en un entorno religioso donde muchas mujeres con las que creció se casaron jóvenes, sus amigos cuentan que Estelle tomó un camino diferente. No estaba casada y no había renunciado al amor, pero disfrutaba de su vida de soltera. Le encantaba ver las olas desde su balcón, y la puesta de sol sobre la Avenida Collins. Los viernes, celebraba su propio “Hedaya Happy Hour”.

“Disfrutaba de su propia compañía y de los amigos de los que se rodeaba”, dice su amiga Rachel Sabbagh.

Hedaya llevaba una crónica de sus relaciones, viajes y vida cotidiana en un blog llamado “Follow the Toes”, escrito en tono profundamente personal. Allí se describía a sí misma como una “neoyorquina que arrasa en Miami”, y describía a las amigas que dejó en Nueva York como mujeres “hermosas, inteligentes, fuertes, exitosas y autosuficientes”.

“El viaje ha sido largo, pero agradezco todas y cada una de las experiencias que me han convertido en la mujer que soy”, escribió en su blog. “He evolucionado realmente y de muchas maneras. Le había dicho al universo que quería vivir en Miami, y acá estoy, viviendo mi sueño”.

Mensajes de dolor colocados cerca de las ruinas del edificio derrumbado en Surfside, en Miami, Florida

Estelle se mudó a Miami para trabajar para la empresa de joyería Continental Buying Group, y en seis años ascendió a directora de operaciones. Desde que no está, la pequeña oficina de la empresa no es la misma. Joe Murphy, presidente de la compañía, extraña escuchar el atronador acento de Brooklyn de Estelle a través de la pared que separa la oficina de ambos. “Ahora odio que la oficina esté tan silenciosa”.

Los bomberos siguen buscando restos y objetos personales identificables, como joyas y álbumes de fotos. Pero Rachel Johnson, vocera de la alcaldesa Levine Cava, dice que el Departamento de Bomberos de Miami-Dade “pronto se retirará del lugar”, y será la policía la que continúe con la búsqueda adicional en el lugar del siniestro.

Si el cuerpo de Hedaya fuera finalmente hallado, el número de muertos ascendería a 98. Argemis Colome, detective de la policía de Miami-Dade, confirmó que ella es la única persona que sigue desaparecida. Cada tanto, sus seres queridos se permiten soñar que no la han encontrado porque tal vez Estelle no estaba allí, y que quizá todo tenga un final diferente, “como en las películas”, dice su amiga Shrem.

“Tal vez logró salir de alguna manera y está por ahí tomando tequila en una playa de no sé dónde, riéndose de todos nosotros”, dice Shrem. “¿Quién dijo que la esperanza tiene que ser realista?”

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

Brittany Shammas, Meryl Kornfield y Paulina Firozi

The Washington Post

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