El regreso de María Eugenia Vidal. La autocrítica, el libro y el deseo de ser presidenta

Todas las semanas, Hernán Lacunza, exministro de Economía, envía a un reducido grupo de dirigentes un mensaje de WhatsApp. Se trata de un conciso diagnóstico sobre el estado actual de la economía. Días atrás, María Eugenia Vidal recibió el informe. Releyó varias veces el párrafo final. “Las elecciones condicionan todas las medidas económicas”, advertía Lacunza,…

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Todas las semanas, Hernán Lacunza, exministro de Economía, envía a un reducido grupo de dirigentes un mensaje de WhatsApp. Se trata de un conciso diagnóstico sobre el estado actual de la economía. Días atrás, María Eugenia Vidal recibió el informe. Releyó varias veces el párrafo final. “Las elecciones condicionan todas las medidas económicas”, advertía Lacunza, y trazaba un panorama crítico de las cuentas públicas, emisión creciente, atraso del dólar, inflación, aumento de subsidios, pobreza por encima del 40% y desempleo arriba del 10%. En un solo párrafo, Lacunza pronosticaba un agravamiento de la herencia económica. Ella le respondió con ironía: ¿el mensaje es para desalentar candidaturas? Si así era, no hizo mella. Vidal ya les reconoció a sus colaboradores su “vocación irracional” de ser candidata a presidenta por Juntos por el Cambio, su ambición por suceder a Alberto Fernández.

Mucha agua todavía tiene que correr bajo el puente. La exgobernadora se apresta a abandonar el bajo perfil público que adoptó desde que dejó el cargo. La semana próxima presentará su libro Mi camino. Y tiene por delante una definición que puede trastocar el tablero: decidir si será candidata este año y, en caso de una respuesta positiva, si se presentará como postulante por la provincia o por la ciudad de Buenos Aires. Por ahora, posterga el anuncio: en especial, ante la incertidumbre que atraviesa el cronograma electoral.

Mientras se mantenía alejada de la luz pública, Vidal atravesó una transmutación política de tres etapas: pasó por el duelo tras la derrota, luego la autocrítica y finalmente, la reflexión y la catarsis. La última fase dio a luz al libro.

“Fue una necesidad personal. No sé si me fue bien o mal, pero necesitaba correrme”, les responde a quienes señalan su bajo perfil durante el último año. Luego de dejar el poder, vivió unos meses con sus padres en Morón, en la etapa del duelo, y después se mudó a un PH en la ciudad de Buenos Aires.

Entonces llegó la autocrítica. “El conflicto docente fue un gran error, y la pandemia me lo confirmó: si hubo algo bueno que nos dejó la cuarentena fue recordarnos a todos el valor de un día de clase perdido. No me digo que me equivoqué porque ahora piense que (Roberto) Baradel tenía razón, no es eso; pero cinco millones de pibes no pueden estar 20 días sin clases, no importa quién tenga razón en la discusión”, se confesó entre sus íntimos.

En la mirada hacia atrás, en el repaso de los aciertos y errores de los cuatro años de gobierno de Juntos por el Cambio, la otra autocrítica de Vidal se proyecta sobre la administración de Mauricio Macri. Es también uno de los puntos fuertes de Mi camino. Allí hace un planteo que algunas veces repite en privado: “Me tendría que haber diferenciado más, tanto interna como externamente, cuando creí que el gobierno nacional estaba cometiendo errores, sobre todo en 2018, porque en 2019 ya era tarde –agrega–. La verdad es que la provincia de Buenos Aires se cambia desde la presidencia, porque el problema es estructural. Y mirando hacia atrás, me tendría que haber encerrado menos en la gobernación e involucrado más en las decisiones del gobierno nacional. Axel Kicillof es muy protagonista en el gobierno nacional. Yo tengo diferencias con Axel, pero reconozco que el involucramiento es necesario. Y en 2018 yo no era parte de las decisiones de política macroeconómicas, que finalmente definen la suerte de la provincia de Buenos Aires”. Convencida de ese error, hoy repite: “Era ahí adonde había que llevar la discusión, en la gestión de la inflación, del empleo, de la lucha contra la pobreza. En 2018, como el propio Mauricio lo reconoció en su libro, había inconsistencias entre la política fiscal y la monetaria. Por ejemplo, no era posible que un ministro aumentara las tarifas mientras, al mismo tiempo, el Banco Central fijaba metas de inflación; había una visión fragmentada del equipo económico, faltó coordinación. Y funcionó hasta que se acabó el financiamiento. Ahí hubiera sido necesario tomar medidas económicas más heterodoxas, como las que terminó por aplicar Hernán (Lacunza) en 2019, pero entonces ya era tarde”.

María Eugenia Vidal destaca positivamente a Elisa Carrió, porque considera que sus críticas internas aceleran debates

Así, la exgobernadora plasma por primera vez una revisión histórica del gobierno de Juntos por el Cambio y se diferencia de quienes prefieren justificar la desilusión en responsabilidades ajenas. Incluso elogia las críticas de Elisa Carrió, cree que aceleran debates y termina por ordenar internamente a la coalición opositora. “Diferenciarse no debilita, fortalece”, dice, para completar el giro.

Vidal expresa un tono extraño en estos tiempos de polarización. Reconoce que chatea con Máximo Kirchner sobre definiciones de política bonaerense e invita a buscar culpas propias en los fracasos. “En la Argentina está instalado que el líder no se puede equivocar y que tampoco es vulnerable. La polarización agudiza esa posición: si se equivoca es considerado débil. Pero nadie es infalible –reflexionó con colaboradores tras concluir su libro–. Y cuando no se asumen los errores, se genera una actitud defensiva, encierro. ¿No sería mejor reconocer, por ejemplo, que las nuevas restricciones se deben a que se retrasó la campaña de vacunación, que esperaban más dosis y no llegaron; que el sistema sanitario está en riesgo, en vez de decir que la oposición quiere la muerte? ¿De verdad creen que se consigue ocultar la realidad porque no se dice? El problema es que muchos políticos, de tanto ocultar la realidad, se terminan por creer las mentiras, y como psicológicamente no se puede sostener esa disociación, se termina por alimentar el cinismo”.

La primera dama

Cuando Barack Obama visitó la Argentina, Vidal quería conocer a su esposa, Michelle. Mauricio Macri la hizo pasar entonces a una sala contigua a la cena de honor. La entonces gobernadora rompió los protocolos: en vez de saludar al presidente de los Estados Unidos, enfiló hacia la primera dama. Era quien le interesaba. Michelle Obama también narró su experiencia de su paso por el poder en un libro, que Vidal leyó, tanto como vio el documental sobre esta mujer del sur de Chicago que llegó a la Casa Blanca. “El hombre no paga costo familiar cuando se dedica a la política, yo lo pagué por ser mujer, y ves las diferencias. Una mina no puede hablar sin fundamentos, tiene que justificar todo con datos; cuando un hombre entra a una sala, nadie mira qué tiene puesto; cuando entra una mujer, sí, y todo lo que te ponés, cómo te peinás, es materia de análisis. Hay una subestimación implícita, los llamados barones del conurbano no estaban acostumbrados a hablar con una gobernadora, no sabían si tenían que putear, ser abiertos, estaban desconcertados, pero después se acostumbraron”.

Vidal reconoce que quiere ser candidata a presidenta. Internamente propone una definición por consenso de las candidaturas. Pero si es imposible, se inclina por resolverlo con PASO. ¿Se enfrentaría a su amigo Horacio Rodríguez Larreta? “El voto termina por ordenar”, expresó en la intimidad. Antes, pretende que Juntos por el Cambio defina reglas internas para resolver las diferencias.

Como anticipa el augurio de Lacunza, la exgobernadora pronostica una situación crítica social y económica. Su conclusión es que el próximo presidente deberá abrir el gabinete a figuras de peso para sostener la gobernabilidad, en el marco de un acuerdo político amplio. “A nuestro gobierno no le dimos volumen político, Mauricio estaba muy solo, como está muy solo ahora Alberto. Pero para llevar adelante lo que hace falta es necesaria mucha generosidad, abrir, porque una coalición sola no puede”.

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