Murió Diego Maradona: luces y sombras de la vida del futbolista más grande de la Argentina

Diego Armando Maradona fue y será el 10 eterno, el atleta de un talento inigualable. Incluso, no existen palabras suficientes para describir la espectacularidad de su fútbol y solo puede resumirse en una sola: magia. Maradona es también “El Diego”, el hombre detrás del D10s en el campo de juego.“El Diego”, de hecho, es la…

Murió Diego Maradona: luces y sombras de la vida del futbolista más grande de la Argentina

Diego Armando Maradona fue y será el 10 eterno, el atleta de un talento inigualable. Incluso, no existen palabras suficientes para describir la espectacularidad de su fútbol y solo puede resumirse en una sola: magia. Maradona es también “El Diego”, el hombre detrás del D10s en el campo de juego.

“El Diego”, de hecho, es la definición que lo elevó a la categoría de divo y al mismo tiempo el término que lo hizo humano y que no le permitió desprenderse del barrio en el que nació. Pero, sobre todo, es el término que lo identificó con el ser argentino, un modo que nunca dejó a un lado, aún envuelto en un tapado de piel blanco en una tapa de revista, con aritos de oro confiscados o rodeado de lujos en Dubái.

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Maradona fue en sí mismo un juego de oposiciones. Simpleza y grandeza. Ético e inmoral. Uno de los mejores deportistas del planeta y un adicto. Fue el gran amigo y el que traiciona. Venenoso y generoso. El padre modelo y el que no reconoció a sus hijos. El humilde y el ostentoso. El macho que besa hombres. El comunista y el más salvaje capitalista. Sin dudas, irreverente y rebelde.

Todo eso (y mucho más) junto y, a la vez, mezclado.

En esta fotografía del 20 de mayo de 2008 el futbolista argentino Diego Maradona posa durante una sesión fotográfica del documental “Maradona” en la 61ª edición del Festival de Cine de Cannes en Francia. Maradona, el campeón argentino que llevó a su país a ganar la copa mundial en 1986 falleció el miércoles 25 de noviembre de 2020 en su casa en las afueras de Buenos Aires. Tenía 60 años. (Foto AP/Matt Sayles, archivo)

El astro, siempre polémico, obligó a muchos a tener que diferenciar su admiración por él como futbolista pero no como persona. Claro que sus más fervientes seguidores no pudieron más que aprobar y perdonar todos sus errores, aunque muchos de ellos lo hayan arrastrado al borde del abismo, del que salió una y mil veces.

Esa dualidad -que oscila entre las cualidades de la divinidad y los yerros de la mortalidad– es el preludio de las últimas horas que transitó el ídolo: nunca perdió su magnetismo y lo demuestran las tapas de los principales medios del mundo. “La muerte de Dios” tituló el diario deportivo L’ Equipe, en una referencia que revive la máxima de Friedrich Nietzsche.

El 30 de octubre Maradona celebró sus 60 años. Los cumplió el mismo día que volvió a rodar la pelota en el fútbol argentino, después de varios meses de parate obligado por la pandemia.

Pero la fiesta en el estadio de Gimnasia no fue nada de lo que los fanáticos esperaban. El homenaje dejó sabor a tristeza y mucha preocupación en el entorno del crack. Tal fragilidad provocó las lágrimas en vivo de una de sus ex: Rocío Oliva. “No lo vi bien”, resumió angustiada pese a los idas y vueltas judiciales que tuvo con el excapitán de la Selección, una constante que caracterizó a todas sus relaciones.

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Ese día, Diego emergió a la cancha desde un imponente lobo inflable. Lo hizo tomado de la mano de un asistente y con dificultad para caminar, balbuceante. Otra paradoja. A los tres minutos del inicio del partido, el DT debió irse a su casa por recomendación médica. No pudo presenciar la goleada de su equipo frente a Patronato.

La postal no era una más del derrotero en la vida del futbolista más grande de todos los tiempos. Maradona fue internado.

Tuvo una semana complicada en lo emocional; mucha presión y eso generó un bajón anímico. Lo veíamos con una actitud diferente. Lo vi desganado, más enojado y a veces no me quería recibir”, dijo a la prensa su neurocirujano de cabecera, Leopoldo Luque, en el sanatorio Ipensa, en La Plata.

El médico contó que lo vio triste. “Diego es una persona de ciclos, a veces está muy bien y de a ratos no tan bien. No me gustaba el momento en el que estaba”, confesó Luque.

La estrella sentía un profundo dolor por la pérdida de “Don Diego” y “Doña Tota”, sus padres. También por sus constantes tironeos familiares.

Pero había algo más detrás de ese bajón anímico.

Los estudios encontraron una lesión inesperada para los médicos: un hematoma subdural. Esto es, acumulación de sangre entre el cerebro y su cubierta más externa. Creen que el edema podría haberse provocado por un golpe que sufrió en su casa, producto de una caída. Un accidente muy común, hasta para una estrella.

Los planes cambiaron: ya no se quedara en observación uno o dos días para regularizar parámetros: “El Diego”, el humano, debió ser operado. La clínica Olivos de Vicente López fue la elegida para la intervención.

Diego Maradona atravesó a lo largo de carrera futbolística por distintos casos de doping positivo, uno de ellos durante el Mundial de Estados Unidos en 1994.Por: Télam

El mundo, siguió la evolución de la deidad del fútbol. Sus fans rezaron, esperando que, esta vez, la mano de Dios sea la del cirujano. Todo salió bien, pero Maradona tuvo que enfrentar a los fantasmas que lo siguieron hasta el día de su muerte: sus adicciones. El síndrome de abstinencia que padeció en el centro de salud lo expulsó del terreno de juego. Ya no volvería a dirigir al Lobo.

Recibió el alta y el 11 de noviembre fue trasladado con asistencia médica a una casa del country San Andrés, en Tigre. Su familia buscaba alternativas para tratarlo por su adicción al alcohol y su dependencia a los fármacos.

Los esfuerzos fueron inútiles. Este miércoles, el corazón del futbolista más grande de todos los tiempo dijo “basta”.

“Solo les pido que me dejen vivir mi propia vida, nunca quise ser un ejemplo. Tampoco muerto encontraría paz, me utilizan en vida y encontrarán el modo de hacerlo cuando esté muerto”, dijo en una entrevista Maradona.

Quizás, nunca quiso que el 10 que llevaba en su espalda lo convierta en un dios puro, sin errores ni pecados, pero sin dudas, ninguno de esos traspiés evitó que dejara este mundo siendo leyenda.

“Gracias por haber jugado al fútbol, gracias a la pelota”, se dijo así mismo en un reportaje en su programa de La Noche del 10, cuando imaginó qué palabras elaboraría en su funeral. Una frase que todo el planeta debe apropiarse y dedicarle al Diego eterno.

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