“Elle”, la RAE sumó a su “Observatorio de palabras” este pronombre que designa a quienes no se identifican ni con el femenino ni el masculino

Para decirlo de manera sencilla, la Real Academia Española funciona como un ente regulador, da un marco de referencia. Aunque muchos la consideran un tribunal que permite o prohíbe, este organismo tiene una tarea más importante: la de dar cuenta del recorrido de las palabras. Los términos surgen en el habla y después son o…

“Elle”, la RAE sumó a su “Observatorio de palabras” este pronombre que designa a quienes no se identifican ni con el femenino ni el masculino

Para decirlo de manera sencilla, la Real Academia Española funciona como un ente regulador, da un marco de referencia. Aunque muchos la consideran un tribunal que permite o prohíbe, este organismo tiene una tarea más importante: la de dar cuenta del recorrido de las palabras. Los términos surgen en el habla y después son o no incluidos en el diccionario. Ese es el camino y no al revés. Lo que está pasando con este pronombre es otra prueba de ello.

La noticia sorprendió porque se relaciona con la sonada resistencia de la academia a aceptar el lenguaje inclusivo. El pronombre “elle” fue incluido en el espacio “Observatorio de Palabras”, dentro de su sitio web. Allí se agrupan términos que no están en el diccionario, pero son utilizados en “distintos contextos”. Se decide estudiarlos porque -como toda palabra nueva- “generan dudas” a la hora de emplearlos.

“Elle” explicación de la RAE por la inclusión del pronombre.

Si nos detenemos en la explicación, hay algunos datos para comentar. Se especifica que se trata de un pronombre que aparece en “determinados ámbitos” para nombrar a aquellos que no “pueden sentirse identificados con los dos géneros existentes”. Aunque no sepamos la definición de “pronombre”, todos tenemos claro que es el tipo de palabra que tiene como función “reemplazar al nombre”. Si lo primero que nos confiere identidad es el nombre -el sustantivo, tal como lo denomina la gramática-, lo que ocupa ese lugar cuando no se dice el sustantivo es el pronombre. Hasta ahora el español describía dos: el masculino “él” y el femenino “ella”, ahora está en “observación” el tercero: “elle”.

¿Por qué se decide analizar el uso? Porque se oye, porque se registra que se ha impuesto en varios contextos. No son todos los hablantes, claro, pero sí hay ciertos ámbitos donde la presencia del “elle” es significativa. Cuando la academia advierte que no es una moda de unos pocos en un barrio de una gran metrópoli, decide prestarle atención. A partir de esta publicación en el “observatorio”, demuestra que “se está ocupando” y permite la visibilización legitimada de la cuestión. Es un paso importante.

// Lenguaje inclusivo: la “e” de la discordia

Hacer visible algo en la lengua es la consecuencia obligatoria de un comportamiento que se está dando en la sociedad desde hace tiempo. La diversidad se ve y se oye, la manifestación de los sujetos cuya identidad no encaja en el sistema binario tiene voz. Muchas veces aquí hemos dicho que lo que pasa fuera de la lengua tiene un correlato en la lengua. Hemos analizado cómo fenómenos sociales necesitaron palabras para definirse y evolucionar. Así el “ecocidio” le puso nombre a la amenaza contra el medioambiente y la “coronacrisis” fue la manera que encontramos para nombrar el descalabro que provocó la pandemia. Justamente el “elle” no está solo en la lista de palabras que el observatorio estudia incluir en el diccionario, el neologismo “cuarentenear” o el anglicismo “infuencer” también figuran entre varios vocablos que están en estudio.

En la lengua, lo único permanente es el cambio. De eso nos damos cuentas cada vez que tenemos la necesidad de crear una palabra para expresar algo que irrumpe en nuestra realidad.

Si lo dice la RAE…

Analizar la inclusión de un tercer pronombre implica un gesto para salir del binarismo lingüístico. Como el masculino y el femenino no alcanzan, se necesita tercer elemento que ocupe el lugar de esa anomia. Sin decirlo, la iniciativa de la RAE también habla de revisar una postura que parecía cerrada. Hay que tener en cuenta que no está dicha la última palabra. Lo aclaran al concluir el posteo: “Su uso no está generalizado ni aceptado”.

Ni bien se conoció la noticia, aparecieron los comentarios a favor y en contra. El tema del lenguaje inclusivo genera mucha adhesión y, sobre todo, mucho rechazo. La reacción frente este “cambio” de la RAE se hizo oír. Decepcionó a muchos. Con ningún tema vi tanto apego a la gramática como con la inclusión de la diversidad. “Están arruinando la lengua”, “es una barbaridad”, “con cambiar la lengua no se cambia nada”, “es esnobismo” fueron algunos de los comentarios más frecuentes. Todos sentimos que la lengua nos pertenece, es así, por eso tenemos la facultad de usarla para expresar lo que sentimos. Me sorprendía que muchos de los que defendían la “norma”, dijeran “*si podría” y no “si pudiera” o “apreto” en lugar de “aprieto”.

La lengua va mucho más allá de las reglas. La academia lo demuestra cuando refleja estos cambio y se ocupa de lo que estamos diciendo. El diccionario es el resultado de la legitimación del recorrido de una palabra en la sociedad. Veremos que pasa, que se hable de esto ya es una buena noticia.

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