Kai Havertz, la joya del fútbol alemán que amargó a Lucas Alario y vale 100 millones de euros

El 21 de febrero de 2017, Bayer Leverkusen recibió a Atlético de Madrid por los octavos de final de la Champions League. Perdió 4 a 2 como local, un duro golpe ante un cuadro como el de Diego Simeone. Para buscar el casi milagro en la revancha, el equipo alemán necesitaba de todo su arsenal.…

Kai Havertz, la joya del fútbol alemán que amargó a Lucas Alario y vale 100 millones de euros

El 21 de febrero de 2017, Bayer Leverkusen recibió a Atlético de Madrid por los octavos de final de la Champions League. Perdió 4 a 2 como local, un duro golpe ante un cuadro como el de Diego Simeone. Para buscar el casi milagro en la revancha, el equipo alemán necesitaba de todo su arsenal. Sin embargo, le faltó una pieza que, si bien estaba haciendo sus primeras armas en el plantel profesional, ya mostraba su potencial y bien podría haber ayudado porque, de hecho, había sido titular en la ida. Era un chico de 17 años que debió perderse la revancha porque estaba rindiendo en el colegio. Se llamaba Kai Havertz y el técnico, Tayfun Korkut, tampoco pudo contar con él en un partido importante de la Bundesliga como el que se jugó contra el Schalke.

Era curioso ver en el parte que actualizaba el estado del plantel un listado en el que se podían leer las categorías “lesionados“ y “suspendidos” y también una tercera, sin nombre: “Havertz tiene exámenes importantes en la escuela”.

Kai Havertz, cuando todavía no había terminado la secundaria. (Foto: Bayer Leverkusen)

Por entonces, se trataba del jugador más joven del campeonato alemán y en el club tenían más que claro que no era un mediocampista cualquiera sino de un proyecto top del país que ya tenía varios torneos juveniles con la Selección y despertaba comparaciones con Mesut Özil.

Para evitarle distracciones, dirigentes y familiares acordaron que el pibe ni siquiera daría entrevistas hasta mayo de aquel año, cuando se esperaba que terminase la secundaria. Claro: ya no era aquel nene de Aachen que empezó a jugar a los cuatro años en el Alemannia Mariadorf de su ciudad, donde su abuelo Richard -quien le contagió el amor por el fútbol- era el presidente.

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Tampoco era el preadolescente que llegó al Leverkusen en 2010, luego de haber jugado contra ese equipo con las inferiores del Aachen (el club más importante de la región en que creció) y perder 8 a 3 pero marcando los tres goles en aquella derrota.

Hoy, el zurdo -de 20 años- es uno de los focos que llama la atención de los dominantes Bayern y Borussia Dortmund, fue a los 19 el más joven en debutar en la Mayor (le hizo un gol a Argentina en el 2-2 de octubre del año pasado) y está en la mira de los de Munich, Real Madrid, Manchester United, Liverpool, Barcelona y Juventus. Básicamente, cada poderoso europeo lo quiere ya.

Havertz celebra su gol contra Agustín Marchesín y la Selección Argentina. (Foto: AFP)

Por lo pronto, tiene contrato hasta 2022, el entrenador Peter Bosz dijo que vale “más de 100 millones de euros” y el CEO del Bayer dijo que bajo ningún concepto el jugador pudo perder valor por la pandemia de coronavirus. El pibe, eso sí, ya le dijo a la revista Sport Bild que está “listo para dar un gran paso” y que eso incluye irse a otro país.

Hasta acá, lleva 11 goles convertidos y 5 asistencias en 26 partidos de este torneo. Cinco de sus tantos los marcó desde la reanudación de la liga jugando -como venía haciendo antes del parate- como falso 9, posición en la que el técnico lo privilegió y desplazó a un punta nato como el argentino Lucas Alario​. He allí la última de sus grandes virtudes: el convertirse en una referencia cerca del área.

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En los últimos metros hace gala de la ocupación de los espacios, algo que entendía a la perfección de tres cuartos hacia adelante. Como mediocampista, era habitual verlo hacer estragos flotando entre las dos líneas rivales y aprovechando los huecos con una velocidad hacedora de diferencias.

Gracias a su 1,89 metros de altura -y a saber usar el cuerpo, claro- es capaz de ganar de cabeza y combinarlo con un exquisito toque, lo que lo convierte en una amenaza tanto para definir como para descargar cerca y lejos del arco, esto último apoyado en su entendimiento del juego, que le permite ver las acciones instantes antes que el resto.

Estampa de crack. (Foto: AFP)

Su multiplicidad de variantes -ha jugado como volante de salida, por derecha, de extremo- ha causado que los espejos en que los analistas alemanes -periodistas y ex jugadores- lo miran incluyan, además del mencionado Özil, a Tony Kroos y a Michael Ballack.

En aquella campaña en la que terminó de estudiar, Havertz acumuló 28 partidos entre todos los torneos, con 4 goles y 4 asistencias, y terminó siendo titular en un Leverkusen que terminó 12º; en 2017/18 se consolidó entre los 11, jugó 35 encuentros con 4 gritos y 8 pases gol; y dio el mayor de los saltos en el curso 2018/19, con 42 partidos y 20 goles.

En el actual campeonato había comenzado sin el mismo brillo y despertó algunas dudas, pero el chico mostró madurez y paciencia. “Es normal en un jugador joven, pero esos momentos son los que te hacen crecer. Fue la primera vez que no se me elogió constantemente y se escribieron cosas no tan positivas sobre mí, pero eso me motivó a mostrarme de nuevo”, dijo entonces, ya sin colegio que le impidiera dar notas.

El joven maravilla del Leverkusen ya es uno de los más buscados por la prensa. Acá, en una entrevista post partido con los recaudos a causa del coronavirus. (Foto: DPA)

A partir de ahí se acomodó y hoy por hoy está prendido fuego. Como delantero por decisión del técnico, en 38 juegos lleva 15 tantos y 8 asistencias. Ah, también se convirtió en capitán. El último viernes le marcó al Friburgo y alcanzó los 35 gritos en su carrera en la Bundesliga, siendo el primer menor de 21 años que consigue tal cantidad.

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De la mano de Havertz, ya sea como volante o atacante, el Leverkusen pelea mano a mano con el Mönchengladbach y el Leipzig por el tercer puesto y hasta está cerca del Dortmund en el segundo.

Todavía se acuerda de un partido que tuvo por la Copa alemana y en el que maldijo ir a suplementario y penales, no por el sufrimiento de esa definición en sí, sino porque volvió a su casa tardísimo -el encuentro fue nocturno- y al otro día tenía prueba en el colegio… El hasta hace poco estudiante de secundaria está aprobando todos los exámenes con creces y solo parece cuestión de tiempo que consiga un doctorado en la élite del fútbol mundial.

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