Agassi, Capriati y Hingis: historia de las relaciones tóxicas entre tenistas y sus padres

En la historia del deporte -y del tenis​, en particular-, hay ejemplos de sobra de atletas que sufrieron y sufren relaciones tormentosas con sus padres por “culpa” de sus talentos. En el mundo de la raqueta no hay que buscar mucho para encontrar casos de deportistas que convivieron durante sus carreras con presiones excesivas para…

Agassi, Capriati y Hingis: historia de las relaciones tóxicas entre tenistas y sus padres

En la historia del deporte -y del tenis​, en particular-, hay ejemplos de sobra de atletas que sufrieron y sufren relaciones tormentosas con sus padres por “culpa” de sus talentos. En el mundo de la raqueta no hay que buscar mucho para encontrar casos de deportistas que convivieron durante sus carreras con presiones excesivas para ser mejores, abusos psicológicos y físicos y hasta engaños económicos por parte de sus progenitores.

La confesión de Guillermo Pérez Roldán, quien denunció en una entrevista con el periodista Sebastián Torok para el diario La Nación los maltratos físicos que sufrió a manos de su padre y entrenador Raúl, quien además le “robó cuatro o cinco millones de dólares”, conmovió al tenis argentino. El tandilense, que llegó a estar entre los mejores 15 del mundo, se sumó a una lista que incluye desde nombres que hicieron historia y llegaron a lo más alto hasta promesas que nunca llegaron a explotar.

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En la relación de amor/odio entre Andre Agassi​ y el tenis, jugó un papel fundamental su padre Emmanuel. Inmigrante armenio que llegó a Estados Unidos en la década del ’50, Mike (como se lo conoce) soñaba con que uno de sus cuatro hijos fuera una estrella del tenis y cuando Andre tenía apenas dos años, le puso una raqueta en la mano.

El resto es historia conocida. El “Kid de Las Vegas” terminó convirtiéndose en uno de los más grandes de todos los tiempos. En los ’90, fue número uno del mundo y ganó ocho títulos de Grand Slams, un oro olímpico y tres Copas Davis.

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Ya retirado, publicó su autobiografía “Open”, en la que confesó que odiaba ese deporte en el que había brillado y también que había llegado a sentir lo mismo por su padre, quien lo había presionado toda su vida para que lo practique y hasta lo había hecho tomar metanfetaminas sin que él lo supiera cuando era todavía un chico.

“Yo nunca quise ser una gloria del tenis. Ese era su sueño. Llegué a estar tan desconectado de mi propia vida que fui número uno en el mundo odiando lo que hacía”, comentó alguna vez .

El caso de Jennifer Capriati​ es uno de los más estremecedores del tenis. Niña prodigio, dio el salto al profesionalismo a los 13 años bajo la tutela de un padre que la obligaba a entrenar bajo un “régimen militar” en el que estaban prohibidos los amigos, las salidas, las fiestas y hasta las actividades recreativas.

Jennifer Capriati y su padre Stefano durante el torneo de Kooyong, en Australiam en 2003. La estadounidense sufría en sus primeros años bajo el régimen de un papá-entrenador que no la dejaba dissfrutar.
Foto: AP

Con 14 años, ya estaba entre las mejores del mundo y a los 16 se colgó el oro olímpico en los Juegos de Barcelona 1992. Sin embargo, ella sufría. “No estaba feliz conmigo misma, ni con mi tenis, ni con mi vida, ni con mis padres, ni con mis entrenadores ni con mis amigos. Solo quería matarme, de verdad“, confesó en una charla con The New York Times años más tarde.

En el mejor momento de su carrera, se rebeló y su vida se transformó en un infierno. En 1993 fue arrestada por robar dos anillos de una joyería de Florida y en 1994, por tenencia de marihuana. Luchó con una adicción a las drogas que la mantuvo alejada del tenis durante años, hasta que en 1996, ya recuperada, volvió a las canchas. En su vuelta, con su padre todavía como entrenador, ganó dos Grand Slams y llegó a ser número uno.

Jelena Dokic contó en su autobiografía de 2017 que su padre Damir la maltrataba físicamente desde su infancia, la castigaba duramente cuando perdía y había llegado a dejarla casi inconsciente en varias ocasiones.
Foto: AP

La australiana Jelena Dokic​ también reveló en un libro autobiográfico la pesadilla que vivió con su padre durante toda su vida. Nacida en Croacia en 1983, se mudó con su familia a Australia en 1991 y a los 19 años era una de las grandes promesas del tenis del país oceánico. Nunca llegó a demostrar todo su potencial y se retiró en 2014 a causa de varias lesiones.

Tres años después, escribió “Unbreakable” (“Irrompible”), en el que contó que su padre Damir, protagonista de varios episodios polémicos en el circuito durante la carrera de su hija, la maltrataba físicamente desde su infancia, la castigaba duramente cuando perdía y había llegado a dejarla casi inconsciente en ocasiones en las que hasta le había pateado la cabeza mientras ella estaba tirada en el piso. Esos episodios la sumieron en la depresión, le hicieron ganar mucho peso (llegó a pesar 120 kilos tras su retiro) y hasta la hicieron considerar el suicidio

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La francesa Mary Pierce, campeona en singles del Abierto de Australia 1995 y Roland Garros​ 2000, sufrió también el abuso verbal y físico de su padre Jim, sobre todo en los primeros años de su carrera. En París, en 1991, cuando tenía apenas 15 años, Jim le sacó los lentes de una bofetada. Padre e hija cortaron relaciones durante casi una década, pero se reconciliaron en 2005.

Situaciones similares vivieron también la croata Mirjana Lucic, hoy de 38 años y retirada de la vida pública, y la francesa Aravane Rezai. Lucic, campeona en dobles en Australia en 1998 junto a Martina Hingis​, develó que su padre Marinko, ex atleta olímpico en decatlón, la aterrorizó física y mentalmente durante diez años hasta que ella huyó con su familia y reconstruyó su vida en Estados Unidos.

Melanie Molitor, a la izquierda, presionó a su hija Martina Hingis, a la derecha, para cumplir sus sueños frustrados de llegar a la cima del tenis. Foto: AP

Rezai también comenzó a jugar al tenis por presión de su padre Arsalan, que quería que uno de sus hijos fuera un campeón en este deporte y empezó a entrenarla desde chica. Pero la francesa -hoy retirada a los 33 años- lo denunció en 2011 por “acoso, violencia, amenazas de muerte y estafa”.

“En muchas ocasiones me ha hecho llorar en los entrenamientos y me ha obligado a trabajar en unas condiciones lamentables, mientras nevaba o bajo la lluvia”, contó la propia tenista.

La suiza Hingis​, cinco veces campeona de Grand Slam y ex número uno, también vivió con la presión de su madre Melanie Molitor, quien había sido tenista profesional, pero nunca llegó al máximo nivel. La relación entre ambas se fue deteriorando hasta que ya consagrada en el circuito le dijo a Molitor que no la quería más como entrenadora y hasta le prohibió asistir a sus partidos.

La española Arantxa Sánchez Vicario, otra jugadora que llegó a lo más alto del ranking y levantó cuatro trofeos grandes, relató en su autobiografía que llegó a ganar 45 millones de euros en su carrera, pero que nunca los pudo disfrutar porque sus padres, que manejaban su dinero, la “dejaron sin nada”.

Esos son apenas algunos de los casos más conocidos en el mundo de la raqueta, en el que a veces la relación entre los jugadores y sus padres no tiene un final feliz. 

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