El día que conocí a Dylan

Cuando desde atrás me acerqué a Dylan, Alberto me miró de costado con un gesto de fastidio. Habían salido a las 7:32 de su departamento en Puerto Madero y se encaminaban juntos a la plaza. Yo los estaba esperando sentado en un auto en la esquina y salté de emoción cuando los vi traspasar la…

El día que conocí a Dylan

Cuando desde atrás me acerqué a Dylan, Alberto me miró de costado con un gesto de fastidio. Habían salido a las 7:32 de su departamento en Puerto Madero y se encaminaban juntos a la plaza. Yo los estaba esperando sentado en un auto en la esquina y salté de emoción cuando los vi traspasar la puerta. Era un notón. Los dejé pasar y luego los seguí hasta la plaza. Y ahí hice contacto.

Dylan fue el perro que convirtió a Fernández (un experimentado operador político), en un tipo común. Como los tipos comunes que los domingos se ponen el jogging (él no se atrevió a tanto) y correa en mano salen a buscar medialunas, diarios o ravioles. De la mano de Dylan, Fernández fue a buscar la presidencia de la nación. Y la consiguió.

El productor Francisco Cárrega, Alberto Fernández y Daniel Malnatti. Dylan, el gran ausente (Foto Daniel Malnatti)

Está claro que quien carga el destino, la fuerza o la suerte de llegar a la presidencia no es un hombre común. Sin embargo, Alberto no fue el único que se encarnó en ese mito para llegar a la primera magistratura. Poco antes, Néstor Kirchner había hecho lo mismo con sus mocasines gastados, su traje cruzado y su corbata para cualquier lado.

Dylan, el perro de Alberto Fernández. (Foto: Twitter/ @DylanFerdez).

Es un misterio cómo transforma el poder a la gente. A De la Rúa, no lo cambió, siguió siendo el mojigato de siempre. Menem fue por un tiempo rubio y de ojos celestes. Y a Jorge Bergoglio lo transformó de un Arzobispo gris a un Francisco luminoso que seduce multitudes. ¿Qué pasará con Fernández? ¿Cómo lo veremos dentro de cuatro años?

Dylan fue el perro que convirtió a Fernández en un tipo común.

El cuento del hombre común dura poco. Es un mito que sirve para ganar elecciones pero no para gobernar. Se necesita un hombre extraordinario para superar situaciones extraordinarias. Para esta nueva etapa, Alberto deberá enfrentar duros desafíos. Retos en los que -pese a haber probado eficacia-, Dylan no va a poder ayudar.

Por Daniel Malnatti.

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