Cruzar una cuadra para cambiar de vida: la resurrección de Sebastián Beccacece en Racing

Cruzar una cuadra para cambiar la vida. Sentir que una calle puede separar el cielo y el infierno. ¿Cómo es posible que a tan pocos metros le haya ido mal a este mismo hombre al que ahora todo le sale bien? Cien metros, apenas esa distancia, existen entre las canchas de Independiente y Racing. Sin…

Cruzar una cuadra para cambiar de vida: la resurrección de Sebastián Beccacece en Racing

Cruzar una cuadra para cambiar la vida. Sentir que una calle puede separar el cielo y el infierno. ¿Cómo es posible que a tan pocos metros le haya ido mal a este mismo hombre al que ahora todo le sale bien? Cien metros, apenas esa distancia, existen entre las canchas de Independiente y Racing. Sin embargo, Sebastián Beccacece ​parece caminar por la vereda del sol. Ganó dos clásicos en 15 días, uno histórico, casi reivindicatorio: venció al club que lo dejó de patitas en Avellaneda. Sumó 9 puntos en 5 partidos, está invicto y empieza a asomar la identidad de su equipo con la base del campeón.

“En Racing encontré la lealtad y pasión que me representan. Veo que los hinchas son muy leales, fieles y seguidores. Nuestro grupo de trabajo tiene eso: fidelidad y lealtad hacia esta profesión que amamos. Ellos aman el escudo y nosotros este trabajo. Podemos compatibilizar”, dijo Beccacece cuando recién comenzaba a transitar 2020. Y cayó como una bomba en Independiente. Hubo bronca de los dirigentes y los hinchas. Pero en aquella respuesta está la razón de su fracaso en el Rojo y su éxito en la Academia. Y no es otra cosa que una pintura perfecta de la realidad de uno y otro.

Cuenta un allegado al entrenador en diálogo con Clarín: “El contexto es todo”. Y enumera: el caldeado clima interno producto de la deuda con los jugadores; la presencia de administrativos en las prácticas y la sensación de “club acéfalo”; las ganas de varios futbolistas de buscar mejores destinos; la irascibilidad de la gente, cansada de Hugo Moyano​ y las últimas campañas, lejanas a la rica historia de Independiente. Se gastaron 15 millones de dólares en incorporaciones, pero sólo llegó Alexander Barboza de los jugadores del Plan A. Ni Lucas Menossi ni Alexis Mac Allister ni Emmanuel Gigliotti.

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En la autocrítica, claro, está una campaña de 16 partidos (8 victorias, un empate y 7 derrotas; 52% de efectividad) y la eliminación de la Sudamericana y la Copa Argentina, lo que terminó siendo un detonante.

En Racing, en cambio, encontró un plantel “con otra autoestima”, que venía de conquistar dos títulos en 2019 y el respaldo de Diego Milito, secretario técnico e ídolo de la casa. Pidió un lateral derecho, se evaluaron opciones. No llegó. Tampoco Gabriel Hauche y Agustín Bouzat. Sí le dieron el gusto con Héctor Fértoli y Lolo Miranda. Y a pesar de los cimbronazos que hubo en los primeros dos partidos de su ciclo, con Iván Pillud en el banco, Walter Montoya de lateral y un funcionamiento que no seducía a los hinchas, el clásico de Avellaneda cambió todo. Y dejó claro una virtud del entrenador: no estaba dispuesto a morir con las botas puestas. Acomodó el equipo y encontró una respuesta de los referentes que ya comenzaban a mirar de reojo algunas situaciones.

No fue casual, entonces, el abrazo con Lisandro después de la victoria con Independiente. Tampoco, que el capitán aceptara con naturaleza sentarse en el banco junto a Javier García, Darío Cvitanich y Jonatan Cristaldo. Cuatro campeones que bancan el proyecto porque “lo colectivo está por encima de lo individual”, a decir del emblema. Y como el técnico habla permanentemente con los jugadores, pudo arrancar el campeonato sin Pillud, reemplazar al Chelo Díaz por el juvenil Banega en el entretiempo del duelo con Argentinos y mandar al banco a Licha, ni más ni menos.

En Independiente tuvo algunos roces con los capos del vestuario, algo que no sucede en Racing. Así y todo, juran y perjuran en su cuerpo técnico que los jugadores le pidieron a Moyano que no lo dejara ir. No tuvo en cuenta a Nicolás Domingo, muy querido en el Libertadores de América, por una cuestión “netamente futbolística”. Por eso llegó Lucas Romero. Con Pablo Pérez tuvo que aplicar un correctivo porque pateó una botella en el entretiempo del partido con Lanús. Así y todo, tiene una gran relación con el volante. Ambos rosarinos, tenían relación desde los tiempos en que Jorge Sampaoli​ era el técnico de Emelec y Beccacece, su ayudante. Sus mujeres son amigas y hasta vivían en el mismo country, el 2 de abril.

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Hoy en Racing están todos encolumnados. Incluso, los dirigentes. La charla que hubo con Miguel Jiménez, vicepresidente, y Roberto Torres, vocal cercano al plantel, de la que también participó Víctor Blanco​, fue clave. Le bajaron la espuma a las críticas previo al derby de Avellaneda. Los resultados de alto impacto trajeron tranquilidad para trabajar. Y en ese ítem nadie podrá reprocharle la dedicación al pelilargo entrenador.

Hay doble turno, sobre todo para los jugadores grandes que quieren tonificar en el gimnasio porque se viene una seguidilla importante en la Libertadores. Mucha intensidad en el trabajo de campo. Laboratorio en la pelota parada: 3 de los 5 goles que hizo Racing en 2020 fueron por esa vía. Y videos que se viralizan por WhatsApp y no son memes, precisamente. Al técnico le gusta enviarles a los jugadores mensajes con tips de los rivales. “No deja nada librado al azar”, apuntan en su entorno.

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Ahí, precisamente, hay que resaltar a dos hombres clave: Nicolás Diez y Guillermo Marino. El ex enganche, campeón juvenil Sub 20 en 1997, conoce el club. Vestido de celeste y blanco jugó entre 1996 y 1998. Acompañó a Sampaoli en la selección chilena y continuó como mano derecha de Beccacece en Defensa y Justicia. Se ocupa de la parte táctica. El volante de Newell’s y Boca, en tanto, es el soporte espiritual.

Lo acompañan, además, Martín Bressan y Federico Tridico como preparadores físicos. Y José Amador, un fisioterapeuta cubano que conoció en Ecuador. Su grupo de colaboradores es menos nutrido que en Independiente.

“Es un club serio”, ponderan cerca de Beccacece, quien decidió pegar un volantazo de su imagen, justo en la previa del clásico con Independiente. Su familia tiene una marca de ropa en Rosario y apostó a la camisa, el saco y los zapatos. Con rodete. Le ganó a Independiente y no será la bufanda del Chacho Coudet o las camisas que solía usar Mostaza Merlo, pero ese look que muchos empiezan a ver como una cábala no se cambia más.

MFV

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