Cambio climático: cómo es el trabajo en la Antártida de la expedición de mujeres más grande de la historia

Salimos del puerto de Ushuaia y momentos después ya estábamos desconectadas de la realidad tal como la conocemos. Prácticamente sin conexión a Internet, teléfono o televisión durante las próximas 3 semanas. Nuestro viaje comenzó con las instrucciones de seguridad por parte de la tripulación del barco y un simulacro de evacuación. Alojadas en camarotes dobles,…

Cambio climático: cómo es el trabajo en la Antártida de la expedición de mujeres más grande de la historia

Salimos del puerto de Ushuaia y momentos después ya estábamos desconectadas de la realidad tal como la conocemos. Prácticamente sin conexión a Internet, teléfono o televisión durante las próximas 3 semanas. Nuestro viaje comenzó con las instrucciones de seguridad por parte de la tripulación del barco y un simulacro de evacuación. Alojadas en camarotes dobles, nos preparamos para convivir 3 semanas con una persona que hasta ahora nos era desconocida.

Ya antes de salir, preparadas para la sacudida del Pasaje de Drake, casi todas tomamos alguna medicación para el mareo (los parches de Escopolamina fueron los mas populares, casi como un símbolo de pertenencia). Los siguientes 2 días no tuvimos contenido del programa, ya que, entre el movimiento del barco y el efecto de la medicación, la mayoría no estábamos en nuestro estado óptimo. Sentir que todo se mueve constantemente no es algo que uno experimente a menudo.

Una vez que llegamos a las Islas Shetland del Sur, arrancamos con el programa de liderazgo a todo trapo. Nuestros días empiezan a las 7 de la mañana (o antes para las que aprovechan para hacer actividad física) con el anuncio por altavoz de que el desayuno está siendo servido. Tengo que confesar que las comidas son increíbles y somos muy afortunadas de que nos estén alimentando tan bien, a veces hasta demasiado.

A las 8.15 ya estamos todas listas para comenzar el día. Empezamos con una breve meditación y un espacio de reflexión personal seguida por un intenso programa de entrenamiento en liderazgo que normalmente dura hasta el mediodía. Después del almuerzo, si las condiciones climáticas lo permiten, desembarcamos en tierra firme o hacemos recorridas en Zodiacs (botes de goma).

Vestirse para desembarcar es todo un desafío, con varias capas de ropa térmica, botas de goma, chaleco salvavidas, protector solar y lentes de sol. No olvidar la tarjeta de identificación del barco y desinfectar las botas para no arrastrar especies de un lugar a otro. La bioseguridad en Antártida es muy importante y me lleva a pensar por qué no cuidamos el resto del mundo de la misma manera.

Un pingüino en la Antártida, en medio del hielo derritiéndose (Foto: Emma Kennedy)

Por la tarde tenemos sesiones de coaching o workshops sobre diferentes temas, seguido por una exquisita y merecida cena a las 19. Algunos días el programa sigue después de la cena con sesiones especiales sobre diplomacia científica o diversidad cultural.

Una curiosidad que me llamó la atención es que nos vamos a dormir todavía con un sol radiante entrando por la ventana, ya que en esta época del año prácticamente no hay oscuridad en Antártida. También es curioso que algo tan simple como ducharse se vuelve un desafío cuando el piso se mueve o dormir cuando la cama se inclina de un lado al otro. Y si ejercitar a diario es una prioridad, caminar en círculos por la cubierta del barco es la mejor (y casi única) opción. Esta experiencia nos enseña a adaptarnos y ser flexibles.

¿Qué hay en la península antártica?

Los primeros días después de cruzar el Pasaje de Drake, llegamos a las islas al noroeste de la península antártica, las Islas Shetland del Sur. Los paisajes se van volviendo cada vez más blancos e imponentes a medida que pasan los días y nos adentramos cada vez más en el corazón de la Antártida.

El primer lugar donde pisamos suelo antártico fue en Puerto Yankee, hace ya casi una semana, inclusive antes de lo planeado. Si bien veníamos con un itinerario planeado, la Antártida tiene sus propios planes para nosotras. Así fue como el segundo día estuvimos anclados frente a la Isla Medialuna y la base argentina Cámara sin poder bajar debido a las condiciones climáticas y la presencia de un barco militar chileno. Al día siguiente, desembarcamos en Punta Hannah y Bahía Walker, ambos llamados así en honor a barcos que se hundieron en esos lugares, sin dejar sobrevivientes. La imagen de los pingüinos, focas y petreles en su hábitat natural ya empieza a sentirse habitual.

Una curiosidad que me llamó la atención es que nos vamos a dormir todavía con un sol radiante entrando por la ventana.

Al otro día tuvimos una experiencia muy interesante y profunda: nos propusieron realizar el paseo de casi 2 horas en Zodiacs completamente en silencio. Este tiempo de observación y reflexión nos hizo conectar con los sonidos de la Antártida, su ecosistema y lo que la Madre Naturaleza tiene para enseñarnos. Escuchar el silencio de la Antártida nos hace darnos cuenta de nuestra conexión con todo el mundo que nos rodea.

A medida que pasan los días, los paisajes se vuelven más imponentes, más blancos, impolutos y surreales. La expedición a Cuverville nos dejó a todas con la boca abierta. Y como si fuera poco, esa noche cruzamos el Canal Neumayer, cuyo paisaje es tan maravilloso que no podíamos dejar de mirarlo a pesar del frío y el cansancio. No podíamos permitirnos perdernos de disfrutar al máximo una de las maravillas de este planeta.

La impactante postal del Canal de Neumayer. (Foto: Evguenia Alechine)

En los últimos 2 días tuvimos la oportunidad de visitar Puerto Lockroy, una antigua base británica convertida en museo y oficina de correo (donde aprovechamos para enviar postales a nuestros seres queridos), y Puerto Neko, donde pudimos apreciar uno de los glaciares más hermosos de la región.

El paisaje y el clima cambian de un instante al otro, de un sol radiante por la mañana a nieve y niebla unas horas más tarde. Es así como nuestro barco, el Hebridean Sky, que no es un rompehielos, tuvo que cambiar rumbo anoche camino a la Estación Palmer ya que el hielo no nos permitía seguir. La Antártida tiene su propio itinerario y nos sigue enseñando a aceptar y ser flexibles. Nos enseña a través de la vulnerabilidad de estar en el medio de la nada, rodeados de hielo, e indefensos frente al poder de la naturaleza.

¿Qué estamos haciendo 100 mujeres en Antártida?

Homeward Bound es un programa global de liderazgo para mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería, matemática y medicina (STEMM por sus siglas en ingles) que tiene como objetivo formar líderes frente a la crisis climática a la que nos enfrentamos para un futuro más sustentable para todos.

Sentadas por horas en una sala con 100 mujeres que tienen historias increíbles para contar, mientras por la ventana se presenta la majestuosidad de las montañas nevadas y los glaciares antárticos. La intensidad del programa de liderazgo es difícil de describir. Dedicamos nuestros días no solo a aprender del contenido, sino también hacer un trabajo profundo de autoconocimiento. Trabajamos con herramientas diagnósticas de personalidad y liderazgo, así como también de estilos de aprendizaje. Trabajamos en definir nuestros valores, personales y profesionales, nuestra estrategia a largo plazo, nuestro plan de comunicación y visibilidad, y nuestras herramientas para liderar equipos con el objetivo de un bien común.

Homeward Bound es un programa global de liderazgo para mujeres y así fue parte del simposio en medio del mar. (Foto: Evguenia Alechine)

El momento más increíble se vive cuando cada una de las 100 mujeres presenta su historia durante el simposio en altamar. Cada camino, cada éxito y cada fracaso es increíblemente inspirador. Estas mujeres son ingenieras civiles construyendo aeropuertos, físicas investigando hondas gravitacionales, cirujanas salvando vidas, biólogas redefiniendo políticas ambientales y científicas trabajando en diplomacia en las Naciones Unidas. Desde Australia a Canadá (pasando por China, Paquistán, Francia, Kenia y Costa Rica), tan jóvenes como 23 años y tan experimentadas como a sus 70 años, estas mujeres ya están haciendo una diferencia en este mundo.

El equipo que lleva a cabo el programa está formado por expertas en ciencia antártica y conservación de ecosistemas marinos, visibilidad, estrategia personal, comunicación, estilos de liderazgo, liderazgo femenino, coaching organizacional, oratoria, salud mental y bienestar. El interior del barco está empapelado con propuestas de colaboración científica, grupos de trabajo y seminarios en diversos temas. La sed de conocimiento que se vive no tiene límites.

¿Qué hace a este programa diferente?

La mayoría de los desafíos que enfrentamos en liderazgo, la búsqueda del bien común, la protección de nuestro planeta frente al cambio climático y la igualdad de género son problemáticas comunes a todos los países que estas mujeres representan, aunque cada uno con sus particularidades.

Además de la formación en liderazgo, durante el programa se habla de lenguaje inclusivo, de la vulnerabilidad como fortaleza y herramienta de liderazgo, de colaboración y actitud proactiva de aquellas mujeres en posiciones privilegiadas (ya sea por su raza, educación o estatus social). Se habla de igualdad de oportunidades no solo para mujeres, sino también para personas de diferente nacionalidad, color de piel, orientación sexual o religión, con un fuerte énfasis en la inclusión de comunidades aborígenes y pueblos originarios.

La exposición de Musimbi Kanyoro dentro de la charla sobre inclusion y diversidad. (Foto: Evguenia Alechine)

Algo tan simple como pedir la palabra y ser escuchadas (en un grupo de más de 100 mujeres) se volvió un ícono y un ejemplo, al punto de que hasta la tripulación del barco y el equipo de expedición empezó a utilizar la misma estrategia. Es un programa extremadamente intenso, como mucho contenido, pero también muchos momentos de reflexión, a veces difícil de equilibrar con tanta sed de conocimiento presente en el grupo. Terminamos todas las noches agotadas, pero queriendo aprovechar cada momento para aprender la una de la otra.

Aniversario del tratado antártico y el rol de las mujeres

El 1° de diciembre se cumplieron 60 años del tratado antártico, un documento internacional que establece que el continente antártico no pertenece a ningún país y es una reserva natural dedicada a la paz y la ciencia. En este día tan especial, tuvimos una charla sobre la presencia de las mujeres en la Antártida, dado que este año el proyecto de liderazgo Homeward Bound esta llevando a 100 mujeres en la ciencia convirtiéndose en la expedición de mujeres más grande de la historia en pisar el continente blanco.

La imagen del grupo que viajó a la “continente blanco” por el 60 aniversario del Tratado Antártico. (Foto: Evguenia Alechine)

Algunos datos interesantes que aprendimos:

-En 1985 se encontraron en Antártida restos óseos de una mujer de origen nativoamericano que se calcula que vivió ahí en la época de 1820.

-En 1978 una mujer argentina fue la primera en dar a luz al primer ciudadano de Antártida en la Base Esperanza.

-En 1993 se llevó a cabo la primera expedición al Polo Sur únicamente formada mujeres.

-Actualmente, el 60% de los científicos jóvenes en Antártida son mujeres.

Las mujeres estamos marcando lenta pero persistentemente nuestra presencia en Antártida, en ciencia y en posiciones de liderazgo, y el proyecto Homeward Bound está acelerando y fortaleciendo este proceso. Hoy marcamos simbólicamente el ecuador de esta experiencia viendo con nuestros propios ojos el derretimiento de uno de los glaciares más afectados por el cambio climático y sintiendo en lo profundo de nuestro corazón cuan responsables somos tanto del problema como de la solución.

El Glaciar Avalancha en Skontorp Cove. (Foto: Gillian Starling)

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