Agustín Canapino y la pasión de los hinchas, el mundo de los “fierros” y el privilegio de ser piloto

Agustín Canapino tiene más de una década de carrera en el automovilismo nacional y once años como piloto del Turismo Carretera. Desde sus primeros años detrás del volante, recorrió el país y sus autódromos y visitó diferentes ciudades, en las que experimentó en primera persona lo que genera el TC en la gente. Y sin…

Agustín Canapino y la pasión de los hinchas, el mundo de los “fierros” y el privilegio de ser piloto

Agustín Canapino tiene más de una década de carrera en el automovilismo nacional y once años como piloto del Turismo Carretera. Desde sus primeros años detrás del volante, recorrió el país y sus autódromos y visitó diferentes ciudades, en las que experimentó en primera persona lo que genera el TC en la gente. Y sin embargo se sigue sorprendiendo de la conexión que tiene el público fierrero argentino con esta categoría.

“Es tremendo e increíble lo que genera el TC, sobre todo en el Interior. Yo no he viajado mucho, pero en lo que poco que viajé me di cuenta de que esta categoría despierta una mística y una pasión que no vi en ningún otro lado. Y creo que eso es algo muy argentino. No soy futbolero, pero me parece que pasa lo mismo con el fútbol. El público argentino es muy pasional en todo sentido”, analiza el arrecifeño.

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Tiene mucho en común con los fanáticos. Con los que le piden una selfie cuando se lo cruzan en la calle o los que lo siguen en las redes sociales. Pero también con los hinchas clásicos, quienes desde hace décadas siguen la categoría.

“Me emocionan mucho, porque yo soy así, como ellos. Soy un hincha, un apasionado, un fanático del automovilismo y de los fierros. No me dejan de sorprender las actitudes que tienen, pero al mismo tiempo las comparto, porque yo también lo vivo de esa manera. Yo también cuando era chico miraba a los pilotos como si fueran dioses”, admite.

Ese amor de fanático que siente por el automovilismo le permite disfrutar mucho más de su día a día. Aunque también hace que necesite estar al tanto de todo lo que pasa en cada fecha.

Es mi problema: soy demasiado obsesivo. En el TC, todo lo que es puesta a punto y preparación del auto lo decido yo directamente. Cuando tengo dudas, me asesoro con mi viejo, pero él me delegó esa responsabilidad porque vio todo lo que he aprendido en estos años. Confía en mí plenamente. Y todo lo que es desarrollo, puesta a punto, ingeniería y edición de datos me apasiona tanto como manejar”, explica.

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-¿Te das cuenta de que sos un privilegiado por poder vivir de lo que te gusta?

-Absolutamente. Soy un agradecido de la vida. Yo no tenía ninguna posibilidad de ser piloto. Pero cuando tuve la oportunidad, empecé. Y sé que poder ser hoy profesional del automovilismo y que mi trabajo sea mi pasión, es algo que no todos lo pueden tener. Por un lado, lo valoro mucho. Y también trabajo todos los días para cuidarlo y para cada día ser mejor.

Canapino vive para y del automovilismo. Aunque su caso no es el de la mayoría de los pilotos. Son cada vez menos los que cobran por correr. Y el arrecifeño no duda a la hora de encontrarle una explicación a esa realidad.

“El automovilismo siempre tuvo esas divisiones entre los que cobran y los que tienen que invertir para poder correr. Pero en los últimos años se ha achicado el porcentaje del primer grupo, porque el país sufrió una crisis -en lo económico, en ese caso- y el automovilismo, también. La masividad de ofertas que hay hizo que se achicara la difusión y la llegada de este deporte. Y que los casos como el mío sean cada vez menos”, explica.

Agustín Canapino, en la era de la madurez: “Con el tiempo entendí que no es todo o nada”.
Foto: Mario Quinteros

Aunque reconoce que la pasión que genera el TC es un sostén importante para la categoría. “El automovilismo argentino tiene la suerte de estar muy instalado en el pueblo. El TC llena autódromos donde va. En cualquier ciudad convoca treinta o cuarenta mil personas. Y no creo que se vaya a perder esa esencia”, afirma.

-Gritaste campeón en las tres categorías más importantes del país, el TC, el Top Race y el Súper TC2000, y ya tenés un lugar en la historia del automovilismo nacional. ¿Tenés algún sueño que te quede por cumplir?

-Me gustaría ganar todos los campeonatos que corra el mismo año. Pero no es algo que me quite el sueño ni me vuelva loco. No es un objetivo, porque no me lo planteo como tal, pero sería muy lindo porque nunca se dio y me gustaría que se logre. Aunque si no pasa, no me cambia la balanza.

-¿El año que viene te ves de nuevo corriendo en el país y tal vez volviendo a la redacción de Clarín con otro título de TC?

-No me puse a pensarlo. Seguramente, estaré tratando de ganar carreras y campeonatos. Y sí… Si se lograron tres títulos, ¿por qué no cuatro? Pero lo voy a pensar a partir de febrero. Hasta entonces, voy a concentrarme bien en disfrutar y en descansar.

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