Silbato, tarjeta y banderín: las árbitras y el otro lado del fútbol

Hace tiempo que el fútbol dejó de ser un espacio reservado para los hombres. A fin de cuentas, las tribunas siempre estuvieron pobladas por mujeres. Incluso, desde la platea de damas que algunos clubes conservan. Pero siempre hubo un sexo predominante en el campo de juego. Cuestión de mercado más que un conflicto de género,…

Silbato, tarjeta y banderín: las árbitras y el otro lado del fútbol

Hace tiempo que el fútbol dejó de ser un espacio reservado para los hombres. A fin de cuentas, las tribunas siempre estuvieron pobladas por mujeres. Incluso, desde la platea de damas que algunos clubes conservan. Pero siempre hubo un sexo predominante en el campo de juego. Cuestión de mercado más que un conflicto de género, las puertas comienzan a abrirse lentamente para las chicas en el deporte que es pasión de multitudes en la Argentina. Y lo que antaño parecía una rareza, hoy empieza a ser algo habitual.

El arbitraje no escapa al auge femenino. Son 25 las referís en el elenco estable de la AFA. La mayoría dirige en el flamante campeonato profesional de mujeres y algunas ya cruzaron la barrera de los prejuicios masculinos: juegan partidos de la Superliga y del Ascenso. Siempre como asistentes o cuartos árbitros. Y con un sueño compartido, algo que por ahora sólo es posible en el futsal: ser la jueza central de un partido entre hombres, como ocurrió en la final de la Supercopa Europea, que estuvo a cargo de la francesa Stephanie Frappart.

El poder de las mujeres. Las referís que forman parte de un cambio de paradigma en la sociedad. (Foto: Fernando de la Orden)

Clarín reunió a seis árbitras. Mujeres jóvenes que se impusieron en un ambiente machista. Que no dejan de ser coquetas para las fotos (hasta combinan el color de las camisetas, por ejemplo), pero no tienen pruritos en cobrar las faltas con firmeza cuando corresponde. Ellas dirigen a hombres y a mujeres. Y aunque el fútbol no debería hacer distinciones, marcan algunas diferencias. Y se disparan anécdotas en Excursionistas, el lugar elegido para la producción.

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Una guardavidas que se rompió los ligamentos. Una periodista deportiva que metió un cambio de frente. Ex futbolistas y profesoras de educación física. Bettina Cingari (41 años), Mariana de Almeida (37), María Laura Fortunato (34), Estefanía Pinto (33), Lorena Sánchez (31) y Roberta Echeverría (29) cuentan cómo viven este cambio de época. En la vida y en el fútbol, claro.

De Almeida es la única jueza asistente del grupo. Fue pasante del diario Olé y conoce el medio. Está casada con Javier Uziga, línea de Primera División. Estuvo en los últimos tres Mundiales femeninos (Francia, Canadá y Alemania) y ya tiene 10 partidos en la Superliga, el último, Arsenal -Estudiantes. Fue integrante del equipo de VAR en la final. Fortunato también estuvo en Francia (dirigió EE.UU 13-Tailandia 0). Cingari estuvo en el Mundial de futsal de Guatemala 2015. Pinto y Sánchez también son internacionales. Echeverría, “la niña” como le dicen sus compañeras, acaba de dirigir el amistoso Argentina-Colombia.

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-¿Cómo es ser árbitra en nuestro país?

-De Almeida: Con la llegada del Chiqui Tapia se abrió el juego. Desde el primer día dijo que quería una AFA inclusiva. Y lo está demostrando. Se llevó a cabo el fútbol profesional y gracias a nuestra capacidad, muchas estamos en la Superliga. En el Ascenso hay un montón de asistentes, todavía falta la posibilidad de que haya una árbitra central.

-Cingari: En el futsal cada vez nos están dando más posibilidades en Primera A, gracias a los instructores. Eso nos sirve un montón, más cuando tenemos que dirigir fútbol masculino. Estás más aceitada porque eso te da un plus.

Sueño a cielo abierto. Las chicas del silbato también quieren dirigir partidos del fútbol masculino. (Foto: Fernando de la Orden)

-¿Hay diferencias entre dirigir hombres y mujeres? ¿Quiénes son más difíciles?

La pregunta abre una grieta. Para Pinto, los hombres son más dóciles. “Había pocos partidos de fútbol femenino. Y todas veníamos dirigiendo fútbol masculino. El trato de ellos es diferente. La mujer te exige otra cosa. El hombre se queda tirado en el césped y yo puedo seguir con la jugada. La mujer se cae y hay que atenderla. O está en el piso, te acercás a preguntarle si necesita algo y te reprocha: ‘¿Cómo no paraste el partido?’ Ellas están a la defensiva. Yo estaba acostumbrada a tratar a los hombres. Es ‘¿Necesitás médico? Sí o no y listo’. No tengo que decirles ‘quedate tranquila’“, apunta la oriunda de Avellaneda que quiso hacer el curso de técnico y se volcó por el arbitraje porque no le daba el rango de edad.

“En el fútbol masculino sabés que la va a agarrar el 2, va a despejar o a abrir la cancha con el 4. La mujer, en ese sector, la perdió y entonces vos -que estás esperando en la zona de descanso- tenés que salir disparada porque hay un ataque. El hombre es más predecible en la jugada”, agrega Echeverría, ex jugadora de Huracán, Atlanta, Lugano y UAI Urquiza.

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“Yo no lo tomo como más difícil. La velocidad es diferente. Ahora, cuando vas a dirigir Mundiales, la cosa cambia. Me pasó correr más en una Copa del Mundo femenina que en un partido del fútbol masculino. Son otros ritmos, pero en el nivel local es distinto. Hay menos faltas entre los hombres. Las chicas barren y barren. Los hombres, a último momento, recogen la pierna”, aporta De Almeida.

-¿El hincha les tiene mayor tolerancia a la hora de reaccionar?

-Cingari: En futsal tenés más agresiones porque están al borde del campo de juego.

-Echeverría: Las señoras son terribles. Te mandan a lavar los platos… A mí me duele más que me puteen ellas que un de ellos. O que el marido insulte y la mujer se lo festeje.

-De Almeida: En el fútbol femenino hay roces con los cuerpos técnicos varones y lea tenés que decir: “Estás dirigiendo mujeres y me estás maltratando a mí. ¿Qué puedo esperar de cómo tratás a las jugadoras?“. Algunos se pasan…

-En ese sentido, ¿creen que falta mayor educación en el trato hacia la mujer?

-Cingari: Nosotras sabemos que estamos en un ambiente de hombres. Recién ahora nos están dando lugar y visibilidad. Pero el fútbol y el deporte es el mismo. Y si estamos buscando la igualdad, no podemos pretender que porque vengan tres mujeres a dirigir un partido nos tengan más respeto.

-Sánchez:  Si a mi compañero lo insultan, ¿cómo no me van a insultar a mí? Estaría bueno que la gente vaya a disfrutar el partido y no nos digan nada. Pero sabemos que eso no va a pasar.

Echeverría: La gente flashea que estás comprada. ¡Una vez me quisieron sobornar con una bolsa de Sugus! Vino un dirigente a decirme que si el equipo no se presentaba se iba al descenso. Me llevé los caramelos y le hice un informe terrible. Me dio una bronca infernal.

-¿La irrupción de una fuerte corriente feminista en el mundo ayuda?

-De Almeida: Faltaría que se aplique a la currícula escolar, que las nenas puedan elegir jugar al fútbol y por ahora eso no se observa.

-Pinto: Está, pero es una decisión del docente. Los nenes hacen fútbol y las nenas, handball o voley.

-Echeverría: Yo los miraba jugar al fútbol y me quería prender en el picado. Todo esto a nosotras nos beneficia. Quizá no compartimos algunas cosas, pero la mujer está en el primer plano. Y todo lo que haga, ya sea en la vida o en el deporte, tiene trascendencia o es novedad. ¿Cuándo íbamos a pensar que nos iban a hacer una nota? ¿O que sepan tu nombre y te pidan fotos? La semana pasada me escribieron tres chicas para pedirme los datos del curso de arbitraje. Y tres son un montón…

-¿Creen que llegará el día que una mujer sea jueza principal en un partido de hombres?

-Fortunato: Si en la tribuna todavía tenés a una señora que te está gritando “andá a lavar los platos” es difícil de cambiar. Puede llevar uno o 20 años. Hasta que no se limpie la sociedad desde ese lado, no se nos van a abrir las puertas a nosotras. Creo que hay que trabajar desde la base. Si vos vas a un partido y ves a un nene sorprendido por una árbitra, te das cuenta de que falta concientización. Para los pibes de infantiles tiene que ser natural que los dirija una mujer.

-De Almeida: Va a llevar tiempo, sin dudas. Pero vamos a llegar.

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Hay anécdotas con familiares, novios y amigos en una ronda de mates a cargo de Roberta. Padres que ya no van a ver los partidos porque no aguantan los insultos. Hermanos que se quisieron agarrar a las trompadas con hinchas. Hasta chistes de tribuna, como aquellos que les quieren pasar su teléfono cuando sacan la tarjeta para anotar una amonestación. “Un día me escribió uno por redes sociales mientras estaba dirigiendo SAT-Estudiantes. ‘Con todo respeto, qué linda sos’, me dijo. No lo podía creer”, se divierte María Laura.

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¿Se puede vivir del arbitraje? “No nos damos lujos, pero llegamos bien a fin de mes”, dicen. Casi todas se dedican exclusivamente a dirigir partidos. Algunas, como Echeverría, también son personal trainer. A partir de abril, todas tiene un sueldo mínimo, vital y móvil que se incrementa de acuerdo a la cantidad de designaciones. Las internacionales ganan más.

Las acompaña Luis Loredo, el empresario que maneja el marketing de las chicas, también representa jugadoras y es íntimo amigo del presidente del Tottenham, Daniel Levy.

Ellas, mientras, se divierten del menoscabo, están despojadas de banderas políticas y no se escandalizan por aquellos que remarcan diferencias con los hombres. Silbato, tarjeta y banderín en mano, las referís buscan pisar fuerte en el fútbol.

JCh.

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