Latin Grammy 2019: de las formalidades a las protestas aisladas

Rosalía Fuente: Reuters Dos verdades dentro de una misma realidad. La fiesta que muestra a una América Latina unida gracias a la música, con artistas de distintos países que se juntan sobre el escenario, y un día a día que no puede ignorar, en aislados discursos, cuando en el patio trasero del continente hay países…

Latin Grammy 2019: de las formalidades a las protestas aisladas

Rosalía Fuente: Reuters

Dos verdades dentro de una misma realidad. La fiesta que muestra a una América Latina unida gracias a la música, con artistas de distintos países que se juntan sobre el escenario, y un día a día que no puede ignorar, en aislados discursos, cuando en el patio trasero del continente hay países prendidos fuego. Afortunadamente (y a diferencia de lo que ocurre con los Grammy “anglosajones”, donde se impone la formalidad) en los
Latin Grammy se cuelan situaciones que pintan una realidad de contrastes. La celebración de los artistas pop en la ceremonia central con los ganadores de las principales categorías, y la fiesta previa, que deja algunas perlitas. Un Andrés Calamaro que conecta una frase tan hecha como “Qué viva la música” con quien la acuñó en un libro, un escritor colombiano que se suicidó a los 25; una Mon Laferte que elige el topless para desfilar por la alfombra roja y denunciar todo lo que está pasando en Chile, su país (“En Chile torturan, violan y matan”, escribió en su piel para que los fotógrafos la retrataran). O un grupo de música infantil que, durante la ceremonia previa a la gala sube al escenario y dice que su disco fue dedicado a “los niños inmigrantes que sufren tanto para llegar a este país [los Estados Unidos], tan hermoso”.

Esas cosas pueden pasar en una jornada de Latin Grammy cuando lo espontáneo convive con lo estrictamente guionado. Lo demás puede ser parte del ritual de una industria latina de la música que se autocelebra desde hace 20 años. Al momento de elegir ganadores, la noche de los 20° Latin Grammy fue de premios previsibles y unas pocas sorpresas. Hubo gente que se llevó las manos cargadas con estatuillas. Para los favoritos de la noche,
Rosalía (cinco premios) y
Alejandro Sanz (tres) fue la mayor cantidad de galardones.También se llevaron más de uno de esos pequeños gramófonos dorados
Calamaro, Juan Luis Guerra y Pedro Capó. Para la Argentina, además de los premios de Calamaro viene el del Quinteto Astor Piazzolla, por su disco Revolucionario, que compitió en la categoría Mejor Álbum de Tango.


Alejandro Sanz Fuente: AFP

Postales

“Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”. Así comenzaba el show. Con una cita a Celia Cruz, ícono de la música latina. Porque era un set dedicado a íconos de la música, donde no faltó a un tributo a Soda Stereo con “De música ligera”, donde participó Fito Páez.

El mercado musical tiende a homogeneizar y mensurar sus productos. Pero los matices o, incluso, los contrastes, no se pueden disimular. “La gloria a Dios que viene, porque todo mi talento viene de él”, dijo Juan Luis Guerra al recibir el primer premio de la noche, en la gala principal. Un rato después el ascendente Sech entonaba: “Me pasó al lado, pero dice que no me vio/ con una más buena, yo sé que le dolió. Son ateos, pero pasan hablando de Dios/ Ellas son como camellos, se parecen to’os”.

Bad Bunny en la cresta de su popularidad se puso reflexivo. El reggaeton es parte de la música latina. Es lo que “nos representa”. Pero también habló para sus colegas. “Vamos a traer dignidad porque se ha convertido en
views y hay que traerle cosas genuinas”.

No todo es lo que parece, ni siquiera la percepción de representatividad. TNT, una de las señales que hizo la televisación mostró una encuesta donde el público votó el género musical que más representaba a las audiencias latinoamericanas. El pop se alzaba con el 80 por ciento. El rock apenas el 3.

Los shows tuvieron efectos dispares. La reunión de tres generaciones de Los Fernández (Don Vicente, su hijo Alejandro y su nieto Alex), o la extraña mixtura entre Alicia Keys, Miguel, Farruko y Pedro Capó, que hicieron juntos “Calma”, la que terminó elegida Canción de Año. Ricky Martin, el anfitrión de la noche, con Bad Bunny y Residente fue otro de los intercambios.

Para los más fans de todo tipo de música quizás el momento de la noche fue cuando Lars Ulrich, baterista de Metallica, subió al escenario para darle un premio a Juanes, el de Persona del Año, luego de que el colombiano recurriera sus hits en un breve set.

En la previa

Antes de su paso por la alfombra roja, en la ceremonia donde se entrega la mayor cantidad de distinciones, Mon Laferte subió al escenario a recibir su estatuilla por el disco
Norma, en la categoría Álbum de Música Alternativa, y declaró: “Esto es para Chile. Quiero leer una décima de una compañera cantora chilena, La Chinganera. «Chile me dueles por dentro, me sangras por cada vena, me pesa cada cadena que te aprisiona hasta el centro. Chile afuera, Chile adentro, Chile al son de la injusticia. La bota de la milicia, la bala del que no escucha, no detendrá nuestra lucha, hasta que se haga justicia»”.

También durante la primera ceremonia de los Latin Grammy, Andrés Calamaro le puso su tono de color a esta entrega que no se parece tanto a la principal. Allí la gente viste más sobria, conversa educadamente en cada mesa con el resto de los comensales y escucha con atención los discursos de los premiados.


Andrés Calamaro Fuente: AFP

Calamaro tuvo un par de oportunidades para adueñarse del micrófono en el sentido más literal. Con él, la tarde había comenzado (¿afilada?). Porque apareció un Andrés que, al recibir su premio por el tema “Verdades afiladas”, en el rubro Mejor canción de rock, apoyó la estatuilla en el piso y preguntó: ¿Tengo tiempo de leer un verso?”. Sacó de uno de sus bolsillos una serie de papeles en los que había escrito mucho más que un verso y declamó por décimas criollas: “Soy del palo musiquero, desde que tengo memoria, escribo en versos mi historia, letra y música primero. Solo quise ser rockero, en las malas y en las buenas, para cantarle a las penas el camino recorrido. Vivir es haber vivido, con la música en las venas”. Y para rematarla exclamó: “¡Qué viva la música! dijo [el escritor colombiano] Andrés Caicedo. Se suicidó después. ¡Gracias!” y salió del escenario.

Esa era la segunda estatuilla del Salmón. Antes había recibido, por su disco
Cargar la suerte, el premio a Mejor álbum pop/rock. En ese momento pidió un aplauso para David Lebón, que había estado ternado en la misma categoría y se deshizo en elogios hacia él con una síntesis de su historial musical. “David, te quiero mucho donde estés, fuiste mi inspiración, me envenenaste con tu deseo de hacer música, con tu talento para la guitarra y para cantar”.

ADEMÁS

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *